25 de julio de 2006

LVI.- Caleidonauta


Sus jardines infinitos dedicados a mí.
son orgasmos que no terminan nunca.
Es la mar inmensamente significa:
¡Nunca sufras y quédate aquí!


Yo quiero todavía esa substancia.
Adquirir un alma mía indeplorable.
Suprimirme por un momento,
un pequeño momento y subsistir.

Desgraciadamente soy el mismo
y nuevamente la misma substancia.
Su padre, gran maestro insignificante
virvirá lo amablemente por fin.


Vivirá por fin la flor hermosa..
su luna misteriosa me recrea
y, jocosa, me alienta y me acosa

Me seduce, me rodea.

Me provoca

24 de julio de 2006

LV.- El mejor lugar para morir




Soñé que se moría en Pica.

Nunca anda nadie por ahí. Cada 16 de julio sale la Reina a pasear, pero en Pica no pasean ni los gergeles.

Yo había ido de puro sapo, con mi curso. Veníamos de la playa. Una playa enorme, con el sol anaranjado y tibio de los sueños. El Billy Willy andaba metido en un experimento para bajarle el nivel a la playa. Unos cocimientos químicos que se depositaban en la orilla y que hacían retroceder
la marea unos varios metros, pero dejaban una especie de planchón peligroso con resaca diabólica, de esas que solo se ven
en los sueños.

Siempre que sueño en la playa, se sale el mar. Llega hasta la muralla que lo separa de la calle. Siempre que miro el mar
de mis sueños, se sale despavorido y vuelca su pesadilla sobre mí. Siempre que sueño en altura, me caigo hasta morir. Siempre. Pero este mar era distinto. Y el experimento del Billy Willy dio perfectos resultados. Nos bañábamos felices. Habían olas gigantes, que nos pasaban por encima como bandada de pterodáctilos marinos. Y yo me quedaba quieto en la orilla. Pasaba la ola y seguía ahí mismo. Era distinto al mar típico
de mis sueños.

Dormíamos en una casa de playa. Como veinte en la misma pieza. No vi ninguna mujer.
Siempre que sueño con mujeres, las persigo. Parece como si ninguna mujer se me resistiere cuando sueño con ellas. Es cuestión de insistir un poco, aunque todo sea
un extraño sueño.

Siempre que sueño con mi curso del colegio, estoy en pelotas. O en calzoncillos. Pero nadie se ríe. Es natural.
Es un sueño.

Había una cosa rara.Libros. Muchos libros. Se supone que todos eran míos, porque los metía en mi mochila con desesperación.
Y aparecían compañeros con libros en sus manos. Los dejaban en el suelo y yo los metía en mi mochila. Eran Breviarios, del Fondo de Cultura Económica. Libros impresionantes. Todo lo que uno podía saber estaba ahí. Y todos a mi disposición, en esa casa de la playa.
La casa de los sueños.

De pronto había que ir a
una casa gigante de Pica. Estaba hecha de madera y muy antigua. Con el papel tapiz quemado por el sol. Y un gran patio. Una chacra desordenada y llena de pollos. De las paredes colgaban cadenas, redes de pesca
y habían réplicas en miniatura de galeones del Siglo XVII. Toda una riqueza incalculable.

Subimos a una casona
al final de la chacra. Ahí supimos que había muerto. Estaba metido en su ataúd. Nadie podía mirar el cajón.
Había una sala típica de Pica. Con los clavos oxidados, con el piso de madera astillada y con alfombras gastadas y viejas. Las paredes pintadas de calipso antiguo y descascarado. Al fondo, en la pared, una pantalla gigante de televisión mostraba el rostro inquebrantable del General muerto. En la entrada habían compañeros míos a los que no les interesaba en absoluto la muerte. Era un sueño.

Yo miraba al muerto a la cara.
La Nona rezaba callada. Me veía preocupado por el General muerto como todos los muertos, con los ojos cerrados. Pero, de pronto, los abre. Me mira
y los cierra. Yo no me asusté porque desde que estaba en la playa supe que todo era un sueño.

Siempre que me doy cuenta que estoy soñando, me caliento y persigo a las mujeres. Siempre quieren, porque ellas también saben que todo es un sueño. Una vez soñé que había mucha plata enterrada a la orilla
del camino a mi casa. Junto a la huella, metía la mano y salían monedas gigantes de cien pesos. Yo las guardaba en unos tarros de leche condensada. Salía y salía plata debajo de la tierra.
Pero era un hermoso sueño.

La gente en Pica
decía que el General tenía prometido ir a morir allí; lo quería mucho. Construyó chacras y abrió los pozos. Trajo naranjos y pavimentó las calles con un asfalto especial que no quema los pies
cuando uno lo pisa.

Y el General se veía dichoso metido en su muerte.
Pero a mi me intrigaba que hubiese abierto los ojos, así de súbito, y que los hubiere cerrado con ese guiño diabólico. Descubrí, entonces, que -en la sala contigua, en un pequeño cuarto típico de las casas de Pica- se había instalado un grupo de imbéciles que había digitalizado la imagen del General muerto y había logrado asustar
a todo el mundo con las caras de risa y los saludos de payaso repentino que a veces se veían en pantalla.

Yo me enojé mucho y la Nona
me encontraba mucha razón. "El respeto al silencio de los muertos está
por sobre cualquier cosa". Yo metí la cabeza por la puerta entreabierta de la sala contigua: "Cuando se mueran voy a venir a quitarles el sueño. Les voy a meter un cuesco de palta en los ojos y una botella de Fanta por el poto". La Nona me sacó de un ala. Pero seguí odiando en mi interior. Por malditos que sean los muertos, nadie merece que le perturben el eterno sueño.

Pero yo era el único que me había enojado.

Mis compañeros
se habían ido a la Cocha:
un resbaladero de aguas sospechosamente tibias y lleno de gente todo el Santo Día.

Bajamos a la casa principal. Los pollos me seguían y una paisana me iba contando las muchas cosas buenas que había hecho el General muerto en Pica; que Pica era el mejor lugar donde el General
podía venir a morirse. Yo le quería contar que no se tenía de él el mismo recuerdo en el resto del mundo. También creía que Pica no era el mejor, sino el único lugar donde el General podía venir a morirse tranquilo. Pero me acordé de los imbéciles de la sala contigua y m
e enojé de nuevo, aunque todo era un extraño sueño.

Un sueño, nada más.

20 de julio de 2006

LIV.- Pobre Niño


Me dijo que venía.
Andaba medio raro.
Su padre está en la Peni.
La madre nunca fue.

Este niño, viejo,
lo tiene casi todo:
conducta irreprochable
y colaboración.

Bueno, en todo caso,
espero que aparezca,
aunque como vamos,
no creo ya que venga.

A mí, viejo, tres años,
me parece mucho.
¿Por qué no lo bajamos
a sesenta y uno?

Lo estuve ayer llamando
desde mi oficina.
Si viene, ¿la matamos
o pedimos nuevo día?

Bájale la multa
y remisión condicional;
le damos cuatro cuotas
y, luego, renunciar.

Total, fue sólo un robo.
¿O no, Señor Fiscal?

18 de julio de 2006

LIII.- Un minuto de silencio


Rondó en un ámbito de sombras mudas
por el que nunca en realidad me obedeció.
Cuando lo traje -estoy seguro- a la casa
de madrugada, no era un niño criminal.

Nunca tuvo pareja ni mantuvo a sus hijos,
no tuvo prole ni trabajo y no celó.
Como si prófugo quisiera no ser visto,
se manejó como doméstico anormal.

Se alimentó de puras sales minerales
y se alojó felino dentro de sí.
Más pretendió ser colibrí sin alas
y picaflor sin ser, por cierto, colibrí.

Del perro, parco se ocultó además y, frío,
ni una palabra jamás le dirigió.
Un parricida de testículos vacíos,
fue su misterio tenebroso, sin piedad.

Por qué lo extraño, casi siempre y dormido,
si se condujo tan uraño como en todo sin fe?
De qué sirvió si al final ese ermitaño que, viejo
una mañana, allá lejos, su esqueleto se fue?

17 de julio de 2006

LII.- Talita Cumi



Ya no quiero seguir siendo el perseguido,
que de darme con el puño en el pulmón
llevo triste de mi tiempo, abandonado.

Todo es dolor
y nada he conseguido
con dar las gracias por andar en el perdón
y de perdón y perdonar,
estoy cansado.

Quise de noche liberar soñé mi vida

puerca de intragables algarrobas,
y volver
a la casa, y me esperaban en la puerta.

Ni a mi padre le
pedí tener de mí piedad,
porque era digno como todos de pasar,

porque de nada me debía arrepentir.

¡Yo soy el hijo de mi propia voluntad!
porque me habita a mí también, ¿y qué?,

la melancólica y bendita imperfección.

Y así como mi viejo padre,
yo soy injusto y desalmado y cobarde,
me ha perseguido, cansado y dolido.

Mi amado padre.

13 de julio de 2006

LI.- La dura


Báncate solito y callado
y asume la responsabilidad.
Suda la enterita dura ruda muda
por pecados que nadie sabrá,

que no te correspondían
y tenían todavía solución.

Asumir la pulpa de la culpa,
siempre tan difusa y tan ecléctica,
enteramente tú, conmigo y todos,

siempre toda mía y tan de todos los demás.

Eso, nada más.

Hay que puro darle todo el odio al tiempo,
hay que darle y no dejar de dar
y al odio todo el tiempo y luces nuevas
al obsesional exceso de piedad.

Si llenamos de buenas costumbres

los días que habremos de vivir, quizá
teniendo cada uno la misma suerte,
dejaremos de nosotros un recuerdo falaz.

Eso, nada más.

Grandes obras pías.
Ferviente humanidad.
Diez huérfanos a cargo
por solidaridad.

Mas no todo lo que es luz divina
es eterna salvación, sin pagar.

Eso, sólo eso y nada más.

L.- Canto de Sirena



Tu prícincipe azul no ha muerto,
mujer,
andaba solo sólo de parranda.

Míra noctiluca entre la espuma:
allí estaba el alimento de tu alma.

De todas las maneras de ser linda,

mujer
luminosa, la que tanto deseas,
puedes elegir la que quieras:
la suerte de la linda o de la fea,
la que amabas siendo niña solitaria,
la que un día tu papito se fue,
la que no alcansaste nunca nada.


Tu dulce fantasía incompleta,
mujer,
es cuestión de hacerla hervir:
tómate la vida con humor.


E
se talento que quiere cantar
y vivir
lo tienes hace tiempo y te lo dieron
para dar y sólo dar y regalar:

sirena que lanzarte a la mar.

Recuerda que mayo en Chile
es el heróico mes del mar,
y en Bolivia, sólo el mes de mayo:
lamento más de treinta días,

solamente puro quiero mar.

Barata apología de Bolivar,
mujer!


Desnúdate
y lánzate
a nadar.

11 de julio de 2006

XLXIX.- Puro cuento


Seré buena persona en el futuro.
Por lo menos una vez o dos al mes,
asistiré a celebraciones y jolgorios,
pero no me dejaré llevar jamás de nuevo
por mis cándidas pasiones vacilantes,
ni tendré otra vez propósitos viciosos
o caprichos reprobables, por mi bien.

Así caminaré triunfante
por senderos de encomiables luces puras,
y haciendo de mi vida la palabra
que he empeñado con honor y pulcritud,
recibiré de mis amables superiores
la ansiada y merecida flor de condecoración.

Algún día llegará por fin mi ascenso
y, admirado por colegas, siendo viejo, me iré.
Jubilado gozaré de las delicias prometidas
siendo niño revoltoso, y sin achaques veré
el breve espacio cano de mis dignos años,
jugando con los nietos en el patio de su vida,
prodigado tiernamente con amor de mi mujer.

Seré buena persona hasta el final.
Pronunciarán un gran discurso en mi velorio.
Vuestra Fiel Conciencia habrá de ser mi juez.
Me llevarán todos en andas por el ancho mar,
desde un cofre de cenizas que dorado y radiante,
arrojarán, por santo súbito y glorioso,
triunfante y recordado y olvidado sin pudor.

Habré cumplido todo lo que solo me propuse
aunque nadie lo mencione ni lo diga jamás,
pero yo recordaré mis tiernos años dichosos,
entre ángeles y miel y prodigiosa majestad,
salvo ciertamente que sin Dios, desaparezca;
y nada más que muerte y sólo nada y nada más.

10 de julio de 2006

XLVIII.- Autogólgota


Sin ostia en la boca ni Espíritu Santo,
que unidos juramos, presiento que tú
curtías mamparas de antaño, rezando
y subiendo inocentes al monte, su cruz.

Que eleven la antigua ignorante plegaria
por todo domingo y callado me voy,
conforme se han ido, este siglo quisimos,
quedándo por todos el saludo de la paz.

Ya no te conozco, ni llevas melena:
hay castillos y demonios y suplicios que decir
que van reservando su posada en la gehena,
y, sin embargo, muchos fariseos junto a mí.

Ese que tú ves impidiendo que ella salga,
mi pobre amor inquieto la persigue con pasión,
llenándose de golpes que estrangulan a mansalva,
queriendo sólo Ley; ese también soy yo.

Y todo aquél que esté por fin enteramente libre
de su primera piedra con el pecho en la pared,
que vaya cometiendo pecadillos tan horribles
y arroje su miseria y que se acabe de una vez!

7 de julio de 2006

XLVII.- Niñocente



Huevito y palomo, perdido, enojoso,
mal hecho y escombro, vencido en el mar.
Perdimos la guerra, más no la batalla.
¿Qué insulso organillo, si nadie te oyó?

Mi madre se ha ido y llegó una mañana
diciendo idioteces que no olvidaré:
"Licenciado Pollarolo, que deja el hospital,
gladiolo sin remedio y la voz del cardenal".

El mico que ha huido se lleva a tu hermana,
pidiéndole a veces que olvide a su Adán,
pero ella es tan digna, tan ángela y muda,
que todo lo perdona y jamás lo dirá.

Pequeños que somos, macacos piojosos
atados de pie al organillo bocón.
Vacía mi calle y dormidas las putas.
No vienen los niños: algo les pasó.

Gritaremos como fascios de combate.
Dormiremos a la gira y en cubierta nos dirán:
“Lucha, camarada de contienda y compañeros,
que nunca, pero, nunca volveremos a vivir”.

Marcharemos como amargos bolcheviques.
Le diremos sus mentiras a Juanito, el capataz.
Partiremos en doscientos mil veleros:
nuestra vida de polluelos a llegado a su final.

26 de junio de 2006

XLVI.- Conversando con los enanitos


Carbunco callado una copa de vino,
setenta y dos años viniendo hacia mí.
Peligro y temor que escarbando en la arena,
se oculta y se ignora y se queda sin ti.

Qué noches aquellas, amante canícula.
Pobre agitando su lávala tú.
Yo bebo y persigno una baja que sea.
Yo quiero y no fétido alcance a vivir.

Destino impoluto, pitágora tul.
Quisimos unirnos y hacer de una vez
felices los niños que duermen entonces
y vámonos antes que sea varón.

Ridícula zorra dudando que me habla
por medio de toda su láguila cruz.
Al menos no he visto otra vez a esa gente
que hacía ya noches mi rostro piñén

Que larga aventura cayendo tritones
y pulgas y juergas y lento con él.
Alegres y lágrima logre calculo
que nunca seré como fui aquella ven.

20 de junio de 2006

XLV.- Abandonario


Por qué cuando de pronto me entristece casi todo,
yo junto comunico entre mis manos y sangro:
pena sin heridas, llanto que no es?

Nunca como entonces he querido amado tanto,
pidiendo que mi muerte se aleje,
rogando que la vida cambie y por qué,
maldita sea, por qué?

Alguien similar se aturdiría conmigo,
y ostentando mil infartos en el alma,
presumirá tener lo mismo, mi fe,
y nunca lo que ha sido con ella,
solazul y siendo mía, multitud.

Y qué, si yo invadido de felicidad,
separo y en silencio, mi boca,
como nunca sólo entonces plenamente odié
y grita mi alegría de tremendo loco,
deseando por mi vida ferviente
que la muerte no me olvide, y qué?

Maldita amarga sea todo viento desnudo!
Maldita suerte mía, me iré!

11 de junio de 2006

XLIV.- Maula


Dicen que la vida es tongo

que está arreglada, y cuando quiere lleva
todas nuestras cuentas anotadas,

como alguien que nos oye y nos amaga,

nos traga sin remedio y nos vigila hasta morir.

No veo mucho drama en todo eso,
salvo que ese alguien sea el Pobre Yo,
mirando siempre todo y oyendo

ese cauce añejo que criando mata,
como el viejo faraón del Congo,
en un sueño río a toda la gente.

Qué lata.


Y aunque esté igual arreglada la muerte
y otro tongo maldito nos espere después,
con su adivino que perdone
y que divino conozca
o me castigue en mi otra vida a voluntad,

igual,

en todo hermoso caso prefiero,

ser vivido que vivirte porque yo

también me voy haciendo mi otra vida,

amigo mismo, todo el rato, hasta morir.

Muriendo tuyo dentro inseparable,

acompañado Cuculí de todos:
los mismos que hace ya
bastante tiempo

nos vinimos cierto día a vivir.

10 de junio de 2006

XLIII.- Carta Abierta


Yo podía pronunciar esas palabras
nauseabundas, alejadas, primigenias:
complicadas y acertadas tan pequeñas
pinceladas amasijos relucientes, pero no.


Recién estaba aquí en el suelo solo,
en medio de la calle sueño,
pavimento peligroso y mojado,
pero mío y prohibido que existe:
no me viste,

ni azul, desconocido,
ni triste.

Yo era el ogro que hace un día
entre tus manos nunca,
el aire que no estuvo
y frecuentaba tu barriga,
la voz de la conciencia
que se oye al pasar,
en medio de la calle sueño,
tu paso me golpeaba al caminar,
pero yo seguí en el suelo solo,

peninsular, mi laberinto infinito
que induce
y conduce lentamente siempre,
pegamento que le nace y nos adhiere

a la existencia,
cada uno a cada cual.

Todo el día el uno al otro, somos
fervientes partidarios, pero yo
les pertenezco por entero a todos
azul, desconocido y triste.

Inigual.

6 de junio de 2006

XLII.- Padre Presión


Ya no puedo ni volcar de licor amor y triste,
amargura de palabras que pudriendo entró de mí.
Tengo amigo apuro tango loca puta pena,
que voy triste y vago llanto, pero sigo estando aquí.

Mi casa esta habitada por familias de otro dueño,
mas mi perro me recibe y se parece tanto a mí.
Callado y resignado, ve la lluvia mar serena.
Mi pulgar imán derecho se ha partido casi en dos.

Crece lejos amarillo el retrato de mis hijos.
Soy el perro para siempre y todo el odio de un vez.
Y se lamen allí dentro, como brazas que ya nunca,
ni agua verla que mi madre, mi arbolita niño Dios.

Queso llama que se quema, mi cariño y mi frazada,
como mulas casi muertas: no se apagan ni se ven.
Que mis ojos ya no sean, los venenos que ella arroja,
de dos tragos me marean y que muera su sabor!

29 de mayo de 2006

XLI.- Mirazul


Hoy he vuelto de la niña muerte.
Se distrajo de pronto y huí.
Yo arropé mi verdeveras y vine:
en el agua salada nací.

Ahora quiero vivir en el mar
y criar a mis hijos allí,
desnudo y bendito ser agua,
fluir hasta siempre y morir.

Que había sido de mí hasta esa noche?
Nunca supe ni nada sabré.
Y ha venido a instalarse en mis ojos
marimar en el aire, nadar.

Mi cabeza da vueltas un ancla,
mis dos manos se ponen de pie,
todo es agua burbujas y muda,
aunque gime sumida y le soy.

Pero siempre me miran tus ojos,
me acompañan palabras de ti
y tu brillo que no deja nunca
me ilumina y me ve Cuculí.

28 de mayo de 2006

XL.- Misericordial


Ojo pintado el desierto rumor
de breves curiosos inquietos retratos,
arena serpiente que canta y presume,
secos y mudos, al viento del hombre.

Justo es allí donde cuelga siniestro
mi náufrago siglo perdido dolor,
telar que fatiga, vestida perfecta
y me ignora sufriendo, pero no soy yo.

Sonríe divina prematura la muerte
pequeña, su rústica boca jugar
allí donde cada bandera se inmóvil,
qué sordo es el eco vacío soñar!

Si alguien, entonces, alegre se nutre
de dulce palabra y veneno juglar,
es porque ahora juntos vinimos a hacernos
unidos por siempre feliz el Amor.

6 de mayo de 2006

XXXVII.- Amorí


Llevo dentro muy sentida una litúrgica pena,
serena de batido todo cuanto ha sido en mí.
Y tú que me preguntas y no puedo hacerlo todo,
porque quiero yo alejarme sin dejarte partir.

El can que no vivió y que ha conocido ya tarde,
poblada de aspaviento y receptáculo cariz,
esa lenta primavera de mujeres y niños,
por algo que hay en él que no ha sabido mentir.

Mentir, mujer, porque jamás te fui!
Porque la noche que habitaste era tu sueño.
Porque nunca procreamos a nadie!
Yo soy el hijo de nadie, porque no te conocí!

Olvidémonos de todo cual si fuera fácil
y lo dejamos como está, tú sin hacerlo, mamá.
Abandona esas idiotas ignorantes fantasías
y quitémonos de todo, todo un día sin hablar.

Nos ha llevado por fin la caravana caduca.
La negaba como terco que te quiere, pero no,
que con ella se ha venido la mañana y no deseo
ver la mesa abandonada a la que no volveré.

5 de mayo de 2006

XXXVI.- Serenata solo



He salido del planeta al fin,
y vago ahora por un orbe de penumbras.
La soledad que camina con turbantes,
a horcajadas sobre el alma ungulada.

Cuando viene aquella lengua que maldice,
y que quiere devolverme al océano,
sigo aquí en la multitud ardiente
oscura milagrosa de la noche.

Pero gritan desde lejos, como hienas,
los viejos, los tristes viejos
que han parido entre sus lágrimas la dicha
y ahora nadie, nunca, nada.

Esa es la historia de mi vida:
Paciente riachuelo que todo lo zozobra
y que inquiere como experto curioso.
Llevo lentos coágulos en mí.

Soy un alce al que todo lo alerta,
sin sobresaltos, atinado y solo,
pero infame, recubierto de ladridos
que nunca nadie oyó.

XXXV.- Modelo de Gestión


Hoy he llegado con la intención de provocar un cambio en la idea que de mí se tiene. Saludar en sus oficinas a todos y desearles un buen día o, al menos, una buena mañana.

Pero me siento frente a la pantalla y veo que soy el mismo oscuro funcionario y olvidado de siempre. Así parece que termina siendo todo cuando unes a más de cinco abogados en el mismo edificio: Lo que pudo haber sido un instante fecundo en el Historia de las Ideas, termina convertido en miserable madriguera llena de topos encerrados y ensimismados, contando cuentos y haciendo de la gente el Sujeto Indeseable de la Modernidad: con domicilio, nombre y patrimonio, con algún sentimiento profundo, indigno de mucha consideración y carente por completo de alguna idea original.

Y día tras día, elevamos a la mampostería infame de la posteridad una sartén llena de cuentos oscuros, vacíos, inocuos. Como el viejo cuento del Mar de Ilicitudes, salpicado como una Polinesia, de islas que son los delitos:
“Señora, su televisor podrá recuperarlo si demanda a la persona que lo tiene, pero ante un Tribunal Civil. Imagínese que los delitos son como islas en el Mar de la Maldad; pues bien, las deudas no están en tierra firme, sino que flotan sobre el océano infinito. ¿Usted le prestó su televisor a Juan? Entonces, Juan está en deuda con usted. Pero esa deuda no nos compete, porque no es delito. ¿Me entiende?”.

“Señora, el acoso sexual no es delito en nuestro país. Sería delito si se tratara de actos sistemáticos de abuso de poder, cualquiera que sea la forma de que tales abusos estén revestidos”.

Claro. Todo ha quedado todo muy claro. Y ella pasa frente a mí como pidiendo auxilio, como llamando al mozo luego de ver su cuenta mal calculada, como pidiendo explicaciones ante lo que no tiene que ser explicado sino con el cuento de las manzanas o del Mar de Ilicitudes, que son los delitos.

Pero ocurre que no soy más que un oscuro y olvidado funcionario al que le interesa sólo su vulgar y mal oliente catacumba de topo ciego.

“Hasta luego, señora”.

4 de mayo de 2006

XXXIV.- Hurí


Mujer,
que tienes en el alma una luz
y eres como un avestruz
que baila y que viene a dar
benditas estrellas sobre mí

Y así,
en una botella que tiene
una jaula y más adentro una cruz,
cariñosa matutina sin fe,

me hablas.

Tú.

3 de mayo de 2006

XXXIII.- Bastar Dios


Hay vulgaridad allá afuera:
obscenas vulgaridades.

Vulgar lo que la gente hace,
los que gritan, los que corren
todas las tardes, van detrás

de vulgares bastardos ladrones.

Aquellos que todos los días
escriben su rara manera
de decir el santo nombre
que les dieron en la pila.

Allí donde la gente pone
nombres a sus hijos,
para que sigan haciendo todos

sus obscenas vulgaridades.

Acaso pareció que estoy triste?
Pero no. Sólo lloraba.
Eran sólo palabrotas
que suelo decir a veces,

pero nunca he estado triste.

Grita mi corazón palabras de alegría!

Las disfrazo de gruesas
sílabas de carne
vulgar y de vulgares
pelos, pero voy
como nunca estoy alegre
y soy como así siempre

eternamente vivo.

Es que no se nota?


Si ahora pareció

que acaso andaba triste,
les ruego me perdonen.
No quise importunarlos.

Ya me voy

con mis palabrotas,
con mi llanto de felicidad,
con mi libro y con mis notas.

Con mi vulgaridad.

Soy un d
ios.

Soy eterno.

Soy fugaz.

27 de abril de 2006

XXXII.- Basca


Verdugos miserables que no aman a nadie,
ocultos bajo espesos nubarrones de cal,
ya nunca dejarán de arrepentirse por algo:
ella siempre lo tuvo y no lo quiso olvidar.

Y lloraba al difunto Macabeo hecho hueso,
y su cariño sin carácter, mentiroso que se va.
Su muerte festeja y conmemora en el aire
vacío y pestilente de la noche al vomitar.

Romanticorrupción sin estival que ha huido
de todos los plebeyos que la amaron una vez,
del útero que oculta su reflejo y la manía
de soñar con no parir ni molestarse en ver a Dios

Desnudo y de nuevo, tan infiel y tan caliente,
sin ángel ni guadaña que presienta su gong
oscuro, y no lo ha visto enarbolando la muerte
de su necia bandera penitente, ya me voy.

Y hay espejos que me miran por toda la casa,
y un extraño perfume de maldito desamor,
dos clavos de miedo que castran mi mente
y los amargos alimentos que digiero sólo yo.

25 de abril de 2006

XXXI.- Flor y Nata


Cuál es la verdadera
pasión generosa,
la vida buena
y la gente indecorosa?


Cuál es la cosa
que conviene que quiera?
Y qué, la rosa?

Ahora no sé.

Yo escribo porque estoy seguro

que ciertas amenas cosas
no deben pasar al olvido

y deben ser dichas.

Hay a menudo que saber
cierto tipo de asuntos;

algunos de la más delicada
índole o simples bravatas
de nimia irresoluta trascendencia,
pero llenas del rumor luminoso,
del encanto y del fulgor
con que arrópalo mi vida todo
desde siempre con devoción.

Conozco esa devoción,
que de golpe me abre los ojos,
en medio, en mitad de la noche,
y que ha menudo me abandonó.

Devoción que sobrecoge a veces

y a veces siento ocupar,
palpitar cada vez en mí
todavía mayor lugar.


Toda esa devoción
que hemos buscado y tocado
y madurado y atesorado
desde niños: lo que uno da

sin esperar a cambio nada.

Somos bellos y tenemos todo
el legítimo y natural derecho
a seguir todo el día así
siéndonos amantes.

Amigos y, después,
candeleros devotos.

Niños otra vez.

XXX.- La canción del Purgatógrafo



Rara allá en el fondo hay una flama quema,
misteriosa puerta azul y funeral oscura:
un aviso de neón que incita y llama
a escapar por el pasillo y correr.

Y así me fui, pero aquí estoy otra vez.

No puedo liberarme ni ponerme de pie,
que mi vida en la pantalla todavía se ve
y de gente que algún día perdí,
que saludé, que desprecié y morí,
y de aquellas que también amé
se ha llenado este salón, detrás de mí.

Cruel amargo espacio musical
ameno de mi larga vida miel:
pena hiel que todos ven, sentados
cada uno en su butaca y yo,
también.

Primera fila, asiento de una sala.
Ya han abierto el pesado telón.

Quiero cuando acabe todo ver la luz.
Esa rara y misteriosa puerta solitaria:
la única salida y presumida clara azul,
ignota paraíso sanguinaria.

Aunque yo para alcanzarla y volar
deba atravesar toda la gente que, detrás,
abarrotando todo el ámbito, me espera.

La gente que algún día yo perdí y amé,
que saludé, que desprecié y morí, sabrá,
todo lo que oculto y lo que quisentí,
todo lo que nunca para nadie yo,
todo lo escondido y lo que nunca fui,
todo lo que odiaba nadie al fin, se vio.

Todo lo que hay en mí.

Espero cuando caiga el telón
caminar y valeroso pedir que ya
enciendan de inmediato la luz
visto por la gente que me quiso y salir
por esa puerta misteriosa y azul
la única salida y alcanzar,
abrir sin esperar la puerta,
atravesar ese pasillo y llorar,
de alegría porque me han perdonado.

Todo lo que nunca para nadie fui.
Todo lo que oculto y escondido sentí:
lo que vio ninguno nunca de mí,
se ha iluminado y me han dejado salir,
con un beso enloquecido partir
y me dieron su palabra vivir
en lo que ha sido mi mejillamor,
de la mano acompañado y por siempre
feliz.

19 de abril de 2006

XXIX.- Historia de las cosas


Imprudente arrepentido que doloso,
ahora despierta con el alma santa
y ya no espera la llegada de otro día nuevo
ni la mira con el grito en su garganta.

Qué pensarán todos ahora de mí?
Han de juzgar y condenarme todavía?
Acaso fue que nos mentimos sin ropa
que ya no soy ni la palabra de tu vida?


No existe nada que no esté desnudo, mujer,
lo que de muerte nunca ha herido tus muñecas,
hecho de sangre que respira y galopa o ver,
pues, su leprosa vil gallina clueca.

Y me he olvidado de vosotras lentamente
porque me he vuelto loco lento a arrepentir,
que nos amamos de mentira como niños,
y lo he volcado hasta la entraña morir.

31 de marzo de 2006

XXVIII.- Terrapink


Aquel que me ha hecho ciego y por la tarde ver
marioneta de señuelo y turbaciones, ya no es,
porque artero me separa un siglo entero ya
de su cruel y tan valiente, tambaleante humanidad.

Y se las daba cabeceando el pobre idiota colibrí,
tortuga vil incauto y semejante a mí.
Que la luna le dolía de pronto,

pincel y cariñoso feliz.

Púrpura y harapo nuestro,
cual doméstico perdido que voló.
Y aquello que en la sien le hiere
que le ha callado y le ha privado de luz,
lo tengo yo.

Así que un día cuervo y liberando sus pies,
cual macabro prodigioso jardinero sin fin,
con su andar solemnemente evitabundo y loco,
por nacer, no tuvo miedo y se fue.

Dedicado a Roger Keith Barrett (1946 - 2006)




XXVII.- Doméstico Metódico Trabajo


La determinación que cada noche se adopta,
esa que puede hacer llorar o reír
lento, en soledad y con angustia,
como aquella que me trajo hasta aquí,
la que es dueña del innato corazón como una turba
amoratada sin consuelo y, a veces,
en algo se parece a mí.

Y se reúnen en mitad de la memoria
cientos de batallas y colmillos,
la bulliciosa caravana de cosas
que uno deja atrás por no cambiar.

El camino, pero son decisiones
que uno está llamado a no ignorar,
y se toman como al hijo más querido,
incierto de futuro y volveré,
lleno de la dulce esperanza y de la espuma
que necesito para sonreír.

Y se abandonan esas nuevas ideas
como meros caprichos pero son
más que pasiones y propósitos
una vida entera que nace

y nos recibe como siempre, amigo perro.
El futuro nos recibe, así será.

Porque siempre te ha dado la espalda.
Siempre te la ha dado y vivirás.

Pero nunca muere nada al fin jamás enteramente
y cuando llega aquí la hora del final
lo que a cada corazón alborozado le toca,
como un pétalo que viaja, volará
a posar toda la sangre nuestra
en la memoria.

Porque siempre te la ha dado y vivirás.

27 de marzo de 2006

XXVI.- Libre Sueño Tren


Que pasen entonces por fin
esos raros amores escondidos
a ocupar el nuevo palco reservado
desde siempre para ella y para ti.

Ya están aquí, caminando conmigo,
que la función está por comenzar:
todo el largo aliento contenido
en nuestro pecho para verlos ya.

Ellos son, están llorando de alegría,
y con las manos que se cubren, no se ven,
porque una vieja larga pena les dolía
y ahora van juntos en el libre sueño tren

¿Qué flor divina les cubrió los ojos?
¿Dónde hallarían esa dulce canción?
Y se la llevan en silencio, son locos
que se han dormido hasta caer el telón.

Que pasen entonces nuevamente
por el pasillo hasta la puerta los dos
desde ese palco han despreciado a la gente
y extraño oculto su exquisito calor.

XXIII.- Serpiente Amar


Un solo invierno basta para nosotros,
los archiduques del frío y la oscuridad:
padres de un ángel desconocido,
que acaso alguna noche temeroso
y elegante, pero sombrío nazca, brioso.


Nadie podrá vernos porque nunca
estaremos juntos los dos;
ni jamás nos besaremos encerrados,
que por siempre cada uno será fiel
a su tristeza y a su pasado.


Y mañana será siempre el mismo día
que nos confunda, solemne y terco,
de alegría.


Todas las lunas y los cielos,
de nuevo y como siempre se irán:
Volverán la Mariposa y el Jilguero
enamorado, juntos, a bailar
con el paso equivocado y, quién lo sabe,
si alguna luz para cantar?


Seguiremos así hasta roer la muralla
y su funesto son, en una playa:
El torrente nos reclamará,
cargando con alguno de nosotros
y sumergidos llegaremos hasta el otro delta,
donde aquél que nos ha unido nos llamó
y nos verá, como niños entumidos,
y abrazados, al final.


Bienvenidos, -nos dirán los demonios-
a cada sueño, pesadilla tocará,
y pedirán cuentas de nosotros,
pero nunca nos separarán.

CDXC.- Metafóricalipso



Cofrenesí que me cala los huesos,
almaravilla que viene hacia mí,
magiconsuelo flechado de besos,
lámparadoja que me hace vivir.

Truenormidad que cambió mi destino,
lágrimagina que estás en mi piel.
uvastedad que prefiere ser vino,
ímpetulante calor y placer,

Trinofensiva dorada en la leña,
liebrevedad infinita del mar,
ánforastera paciente que sueña
dulcelebrando la noche al mirar.

XXXIX.- Alma de Pantera




Cuando escucho la voz
de la esbelta que amo,
como si fuere una gran pantera,
cuando viene a cantar,
ella inunda la felicidad de mi cuerpo.

Ella sabe amar.

Yo la quiero oír, hablándome
por todos los oídos de mi cuerpo,
feliz hasta desnudarme
a golpe de murmullos.

¿Qué otra forma de vestir mi desnudez?
Qué otra forma de amar..

Ella siempre brilla
y me habla de cosas simples,
del olor de su camisa y de la ceniza,
o del corazón de niña
que arde en su alma de pantera.

De una fuerza en alegría gigante
o un pájaro nocturno en mitad de la luna,
y una gran manzana muerdo en su boca!

Cuando escucho la voz
de la esbelta que amo,
como si fuere una gran pantera,
cuando viene a cantar,
ella inunda la felicidad de mi cuerpo.

Ella inunda mi felicidad.

XXXVIII.- Pacto con ella


Ella me ilumina fuertemente,
considerando cada lámina de mí,
fértil y grácil y rara deliciente,
semejante a la completa periferia del dolor.

Y poniendo minuciosas finas águilas
que parecen artificios de rubí,
que se ajustan como escuálida que goza,
a tan siniestra delicada y tan opaca miraflor.

Nunca se lo he dicho y lo sabe.
Lo he preferido a lo que ha sido mi patíbulo lunar.
Perecer junto a su fuerza de linfática lumbre
y ha llegado a comprenderlo lentamente y dudar.

Voy a curar como latido y artimaña
lo que sordo ha padecido desde niña en soledad.
Es un ojo miserable y extraviado que duerme
en su perfecta gusanía de piraña o vendaval.

21 de marzo de 2006

XXV.- Himno Campanario Demente


Inexorable me he quedado mortalmente ciego,
que no veo ni la cara de mi propia tumba.
Ahora que cierro los dos ojos invisiblemente solo,
ante ocho hambrientos animales, no te vi.

No hay otro lunes más extenso ni sombrío
que la mañana donde pasa la gente
y su garganta toda llena con desconocidos:
son infieles peregrinos que no creen en mí.

Indecente sombraluz que locamente escribo
nuevas locas amistosas y palabras que caen:
indolente la embriaguez que imaginé hace días,
en oroviento, porque no me pertenezco ya.

Ahora no sigo
tu voz ni volantina dadá,
que hace unos días lo cantaba por algo,
que si ahora tocan la campana de la costra salgo
hacia el recreo luminoso en el arroz de tu mamá.

Pero yo guardo plena luz en el bolsillo del aire
y voy tomando de la mano sus caballos hombres.
Si una mañana tropezando que en el patio lloré,
me fui desnudo figurino y ya me puse de pie!

Serpiente cobardía sapo ruin habitabundo
irascible, sentado y problemático servil.
Y huyen los necios, porque soy, de mí,

el mimo enamorado cartulino cañón.

14 de marzo de 2006

XXIV.- Estrecho Corredor Violento

Cerca -donde vivo- está la Piúrita Flor.
La que no encuentra ni en el mapa su peñasco atolón.

Un rocoso y fulgurante prematuro desierto,
donde a veces se ha lanzado la plomada y el arpón,
la carnada o el cebo, y no pudo nadie nunca jamás,
ninguno ni atrapar lo que no puya nada,
porque el necio vino tuerto no ha querido atender
la caricia nutritiva del mar.

Argentino profundo y rutilante corredor resplandeciente,
acantilado impenetrable y precoz,
anticipado, peligroso y radiante,
tan callado bajo un halito constante y cegador:
lleno del rumor persistente
del mar recóndito de rocas y mareas.

Deslumbrante y luminoso,
como un sirte encariñado demasiado a la calle,
ya no pudo frenar ni nuestro paso rumor
y era inútil no animarnos a su grito obedecer,
porque mirarnos a los ojos y en seguida arrojarnos
sobre aquello que la orilla ha separado del mar
fresco titilante y lozano,
para ser por una hora los mismos
que nunca fuimos:
el torrente nos llamaba otra vez.

Obsceno, indecoroso, penetrante y bajamos,
mirando todavía nuestros ojos,
encaramados a la orilla y la costumbre
de nuestras manos,
afirmados al húmedo lienzo
de la escarpa tersa y azul
que se formó hace milenios, el oleaje
y con las piernas arrimadas en la roca,
los dos;
el arrecife sosteniéndonos la cruz,
como ladrones, azarados y suspensos.

Ahora el mar renuncia a su porfía milenaria:
marejada que repliega su voz
y la mudez en la tregua del aire,
diáfano y diverso letargo,
como el fondo del mar ante nosotros;
cristalino, aciago, múltiple y desnudo,
transparente irreductible coral.

Pejesapos que triscan su miseria aplastante,
lengüetazos encendidos e impotentes,
el chillido profundo y callado,
lejano madrugada secreto;
frío, como ruido inexorable,
que sordo indiferente sólo ellos advierten,
sin corrientes, sin fluido, sin agua.
Envenenados, amargados y agrios.

El bargueño que buscamos continúa allí,
semitapado justo verde donde lo planeamos,
bajo un velo de conchuela y arenas.
-¡Hay que abrirlo!

Estamos entregados y bajamos
hasta el hondo aguarrevienta del barranco.

Que descubrir y abrir el cofre no costó,
porque alguien lo ha dejado libre
y, tras la cúpula cubierta de algas,
no había más que hierba horizontal.

Uno tras otro, mil vegueros de oro.
Trozos de blanco pan.
Añicos y bodigo alucinante.
Cielo panecillo y corruscos.
El regojo abandonado por un ángel,
donde trozos de libreta fulgurante
era chusco alucinógeno y nuestro;
hogaza y espejismo brutal,
narcótico aplastante y sombra
de cuscurros imprudentes bajo el agua:
mimoso narcótico marino.

Era el mar.

Cientos de besos nos cubrieron la cara.
Arrumacos entre el agua y el sol.
Gemidos que el viento calló.
Ternura frugal que aquieta y canta.
Somos ángeles y sargazo de coral.

-¡Metamos en la bolsa todo!-

Más dejamos uno solo, por amor.
Cerramos el cofre al futuro,
y justo antes de alcanzar la pared de rocas,
una ola nos cubrió el baúl.

Había que subir en todo caso,
porque alguien nos seguía como nube oscura.
La luz y la sirena nos redujo a la mitad
y oscurecía,
porque nunca hay que confiar en la pasión.

Era un cancerbero que estaba sobre aviso
y nos miraba sonriendo sin mirar.

-¡Que haremos, soledad, qué haremos!
¡Buscaremos la manera de salir!
¡En cada mano, un pejesapo, en cada mano!

Pero saltaban, como larga pesadilla
y el bedel nos tenía a su merced.
Cientos de canijos relucientes
nos saltaban a la cara a cada cual.

Había que agarrarlos por el lomo y subir,
como moscas, perezosos, yo no sé.
Dos mendigos que se iban de la playa y solos,
tienen hechas las dos manos de café
o de copas y ventosas, caminando,
con los brazos, sin saber a donde ir ni parar.

Arrimados, llegamos a la calle.
Escondido, como náufrago, salí.
Era la bolsa o la vida y nadie,
nada nos alcanzó.

Ahora vimos el cielo en las estrellas:
es un beso el que nos vio nacer.
Amargo humo que enrojece los ojos
y cubre de naranja la costumbre de nuestras manos.

2 de marzo de 2006

XXII.- Cerote



Busco la fuerza
de un enérgico gorrión de plata,
su energía,
su libertad,
para no caer
tantas veces y una más
en la estéril dañina
inseguridad de mi corazón.

Llena la garganta de canciones plenas,
doy sin convicción la mano
y me dedican una noche la luna.

Yo soy el gran estúpido del Siglo:
al que han de haber amado tanto
y su mirada se llena de amor,
pero no tiene la certeza de su fuerza
y no se ha dignado casi nunca a vivir
enteramente feliz.

Llevo la mente llena
de amargas dudas de puerco
y tengo miedo de acabar un día
sin el hondo espíritu a mi lado.

Tengo tanto miedo de seguir.

22 de febrero de 2006

XXI.- Alegril



Dulce flor alegre llena
de súbito mis ojos grilces
con felices perdurables sentimientos:
zigzaguear presentimiento sin sufrir.

Soy huracán abanico colegial
empinado decidido hacia ti.
Caleidonauta campanario y beso:
labio live you love you parir.

Luminar alegoría travieso
celestial farandulino que imprudente fui!
Arrecife transparencia las antillas
pululando bullicio merodeaba feliz.

Descongelado culinario borracho
pendenciero querubino viril:
olegario balazo proeza,
neptuniano rio loa la nariz.

No me intentes detener,
que voy cayendo,
desde arriba
y hacia arriba vivir.

No camines volantín a mi lado,
que pueril desaparezco y crezco,
y apetezco, Capuleto enamorado:
Yo soy el lado delicado y febril.

9 de febrero de 2006

XX.- Sótano y Modorra




De modo que por siempre todo
era la fragua simplemente y el dolor,
la criatura de la tosca mentira,
la nauseabunda leche, y no era amor?

Por dar a luz la madrugada que en el viento
amanecieron en lo mismo una vez más,
y dejar abandonados santuarios:
cruces iguales por igual maternidad.

Pero nunca lo abandona la cigüeña
ni ese mesías que algún día le curó.
Si se olvidaba, le quitaba la magia:
el nilo de oro en que mirábalo Dios.

Verde como anduvo donde idiota,
lo que la calle se llamando Libertad,
el peregrino caminaba atrayente,
el penitente en indolencia arrepentido y pan.

Qué sangre vino que llevaba su nombre
y su ardorosa caravana, meretriz?
La puta loca que le fuese ajena,
desconocida, el universo y la dorada puñal.

Nací de siete puercos que maldita parió
y del planeta, que el poeta no fui yo,
porque yo nada, porque nunca fui!
Mi flor abierta maravilla, pero no por ti.

Porque en el alma prostituta desierta
como ninguna abandonada, la modesta flor,
porque era ella, casi mía y como muerta,
olvidaré que lloraría su perdón.

1 de febrero de 2006

XIX.- Calmohada


Águila sosiégate un segundo
para darnos la mirada delirante
vuelvete del ancho y crudo mundo
en oscilante desplegar amando.

Detén el insistente pendular
y mírate pisar los pies,
tal vez nos trague el mar,
por nadar detrás de lo que es.

Pero no deja de tener su belleza
sentarse en rato y ver pasar a la gente,
tan diligente, descuidada y pendiente
del puesto que ocupan en la mesa

30 de enero de 2006

XVIII.- Morbosamentermita Rosa

Cual gusano que se arrastra toda una vida, 
reptil y perezosa, siempre serás 
la mosca y la arrogante garrapata asquerosa: 
la mandrágora procaz. 

¡Oh, babosa 
que tienes en el pelo esa cosa 
hedionda, maloliente y te vas, 
maldita sea, te vas! 

¡No te quiero ver nunca más! 

Porque siempre cada día serás 
piojosa insana y garrapata falaz, 
horrorosa moscardón y penitente, 
mitad asquerosa y mitad doliente, 
la mosca y la arrogante garrapata dolosa: 

¡Morbosamentermita rosa! 
¡Morbosamentermita rosa!

12 de enero de 2006

XVII.- Plegaria Imperfeccionista

Se une a mi muerte 
el llamado glaciar 
y le da vida, sin embargo, 
a ese intenso ser 
que está dentro de mí, 
dulcemente.

Paciente riachuelo 
que todo lo zozobra, 
une su perfume 
a mi recuerdo otra vez: 
dentro de la negra noche oscura, 
entre tupidas miradas 
y abre su paso brillando 
en calurosas estrellas, 
sobre mí.

Amable ser intenso y frío; 
témpano inmortal 
que besándome vive 
y reina en mi interior, 
por lo ígneo de los signos.

Ayer.

XVI.- Eterna Senectud Valiente

Acaso sea siempre así, 
seguro muy probablemente, 
si no el único aspirante a ser, 
el viejo que habitando el planeta. 

Sintiendo cada día y pendiente, alerta.

Creyendo ver en todo otra cosa, 
desconocida: hermosa. 

Pudiendo de algún modo ser eso, 
todo muerte y goterón que mama: 
todo perdón en cada hueso de la cama. 

O vivir y caer todas las noches, 
aterido, inerte, o morir 
apasionado bebiendo, 
sumergido y habitando, yo.

5 de enero de 2006

XV.- Oculta Melodía Voluntad

Hay una conciencia juguetona, 
libre y preguntona, 
valiente, 
que se vierte en abanicos felices, 
cuadernos elegantes y hojas grises, 
o en el viento que cantamos en silencio, 
todos divinos, todos buenos, 
contentos. 

Hay un ángel que me dicta cada surco, 
entre las líneas que abandona mi lápiz: 
el niño viejo, bueno y malo, esperando. 
Llorando yo, anciano nuevo y volando. 

Lo que en mi alma se ejecuta cantando. 
Perverso fiel y bellamente feo. 
Atento dulce y diferente: puro deseo. 

Ese loco que obedece a los duendes 
y que ignora a aquel que todo lo enciende, 
detrás de todas las verdades del tiempo, 
que vive lleno de palomas de agua, 
cuidando a todas sus hermanas de nieve 
y brilla como un cuervo que se burla 
imprudente, que comete delicado, 
sin embargo, divertidos errores. 

Su fiel naturaleza musical 
lo hace heredero de otro tuerto viejo, 
aquel que ha muerto, 
el pobre tonto, el zorro simple, 
mi antepasado que ha leído y olvidado 
el resultado de bandidos augurios, 
y aquellos lentos chirigües presumidos, 
como ese largo del pasado que oculta 
al quinceañero que quizá -quién sabe- 
es el efluvio de una fuerza buscadora 
de palabras y caminos nuevos. 

La paz divina de la muerte melodía, 
que fue mi abuelo y su regreso mentiroso, 
o un territorio mariluna luminosa: 
la noctiluca del abierto mar, 
toda desnuda, mariposa jugar. 

¿Cómo puedo saberlo yo? 
¿Quién no de niño no ha seguido su instinto? 
¡Yo soy el beso suspendido y la marea! 
¡Yo soy tu viento amanecido y, hasta el fin, 
hasta que sea! 

Yo, feliz.

25 de diciembre de 2005

XIV.- Agua Fiesta

¿Cuál es que pudo de pena dejar 
en otro tiempo a uno cualquiera vivir? 

Ensoñar aparecido diamantes, 
ancianos, inertes, doloridos, 
¿y arroparse una mañana de hojas secas 
como vestido? 

En amarillo de papel, jirones, 
cascarones que semejan gorriones 
arrepentidos, casi nada y de pronto 
¿dormidos amasijos para siempre? 

Oh! Amigo negro de maderos, 
así llenábanse y pulmón de halagos, 
que habitaba en silenciosa vaticinio. 
Cual respiraban, tranquilidades! 

Hoy te vi adornado en la muerte 
de tu ciencia cavernícola con hongos. 
Su paraíso conmemora funesto 
y a todo gesto, vivió lunares. 

Dime, viejo tuerto, de una vez, 
testarudo fanfarrón sin raíces, 
como quiénes habían dado su especie 
a tu género rapado de surcos? 

Y hasta cuáles conjetura luminosos 
un día nauseabundo murió? 

Yo, terco contigo y luchaba senil, 
limón envenenado y poroto, 
lo que adviene y conmemora radiante, 
a morir. 

Oye, tú, puerto verano jadeante, 
como esa aurícula afiebrada que aspecto 
sumergido entre siluetas y mudo, 
oye, tú! 

Yo tristeza, nunca más otra noche. 
Yo cualquiera amedrentaba y aquí. 
Yo nervioso y solapado y baboso, 
tan solo nos definitivo morí.

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