Hay un sitio dentro,
oculto en la pirámide
escalonada de los años
que nos quedan por vivir.
Una recámara muda
que sangra sin heridas
y gime sonriendo
lágrimas de arena.
Hasta allí se han ido todas
las cunas alegrías,
los vértigos tesoros,
el sudor y la cruz.
La sábana calcárea
de costillas rotas
es lóbrego escenario
y ceguera arqueología.
Los hijos ya son nietos.
La mágica, baldía.
¿Quién podrá redimir
la huella del sudor del hombre?

















































