Estiércol escenario de tinieblas frías,
que se aproxima,
que es elefante negro acomodado
en un ritual de caravanas medievales.
El lodo cubre las barreras esperanzas
con una rara y comedida vergonzosa,
para nutrir el abandono en las tinieblas
de esa tortuosa y peligrosa fina sed.
Estoy bogando,
enhiesto el rumbo,
habiendo náufragos de piélago difuso
que van asiendo el almadía llorando.
Yo no me rindo, ni a la deriva:
cual pantocazo de periplo invencible,
es mi garganta una saloma universal
que abre las olas en derrota y cerrazón.
Soñando engalanado cual farol ardiente,
confío a mi balón todos los vientos:
desnudan su dolor en la borrasca,
mas soy arfada valiente en el azul violín.

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