31 de marzo de 2006

XXVIII.- Terrapink


Aquel que me ha hecho ciego y por la tarde ver
marioneta de señuelo y turbaciones, ya no es,
porque artero me separa un siglo entero ya
de su cruel y tan valiente, tambaleante humanidad.

Y se las daba cabeceando el pobre idiota colibrí,
tortuga vil incauto y semejante a mí.
Que la luna le dolía de pronto,

pincel y cariñoso feliz.

Púrpura y harapo nuestro,
cual doméstico perdido que voló.
Y aquello que en la sien le hiere
que le ha callado y le ha privado de luz,
lo tengo yo.

Así que un día cuervo y liberando sus pies,
cual macabro prodigioso jardinero sin fin,
con su andar solemnemente evitabundo y loco,
por nacer, no tuvo miedo y se fue.

Dedicado a Roger Keith Barrett (1946 - 2006)




XXVII.- Doméstico Metódico Trabajo


La determinación que cada noche se adopta,
esa que puede hacer llorar o reír
lento, en soledad y con angustia,
como aquella que me trajo hasta aquí,
la que es dueña del innato corazón como una turba
amoratada sin consuelo y, a veces,
en algo se parece a mí.

Y se reúnen en mitad de la memoria
cientos de batallas y colmillos,
la bulliciosa caravana de cosas
que uno deja atrás por no cambiar.

El camino, pero son decisiones
que uno está llamado a no ignorar,
y se toman como al hijo más querido,
incierto de futuro y volveré,
lleno de la dulce esperanza y de la espuma
que necesito para sonreír.

Y se abandonan esas nuevas ideas
como meros caprichos pero son
más que pasiones y propósitos
una vida entera que nace

y nos recibe como siempre, amigo perro.
El futuro nos recibe, así será.

Porque siempre te ha dado la espalda.
Siempre te la ha dado y vivirás.

Pero nunca muere nada al fin jamás enteramente
y cuando llega aquí la hora del final
lo que a cada corazón alborozado le toca,
como un pétalo que viaja, volará
a posar toda la sangre nuestra
en la memoria.

Porque siempre te la ha dado y vivirás.

27 de marzo de 2006

XXVI.- Libre Sueño Tren


Que pasen entonces por fin
esos raros amores escondidos
a ocupar el nuevo palco reservado
desde siempre para ella y para ti.

Ya están aquí, caminando conmigo,
que la función está por comenzar:
todo el largo aliento contenido
en nuestro pecho para verlos ya.

Ellos son, están llorando de alegría,
y con las manos que se cubren, no se ven,
porque una vieja larga pena les dolía
y ahora van juntos en el libre sueño tren

¿Qué flor divina les cubrió los ojos?
¿Dónde hallarían esa dulce canción?
Y se la llevan en silencio, son locos
que se han dormido hasta caer el telón.

Que pasen entonces nuevamente
por el pasillo hasta la puerta los dos
desde ese palco han despreciado a la gente
y extraño oculto su exquisito calor.

XXIII.- Serpiente Amar


Un solo invierno basta para nosotros,
los archiduques del frío y la oscuridad:
padres de un ángel desconocido,
que acaso alguna noche temeroso
y elegante, pero sombrío nazca, brioso.


Nadie podrá vernos porque nunca
estaremos juntos los dos;
ni jamás nos besaremos encerrados,
que por siempre cada uno será fiel
a su tristeza y a su pasado.


Y mañana será siempre el mismo día
que nos confunda, solemne y terco,
de alegría.


Todas las lunas y los cielos,
de nuevo y como siempre se irán:
Volverán la Mariposa y el Jilguero
enamorado, juntos, a bailar
con el paso equivocado y, quién lo sabe,
si alguna luz para cantar?


Seguiremos así hasta roer la muralla
y su funesto son, en una playa:
El torrente nos reclamará,
cargando con alguno de nosotros
y sumergidos llegaremos hasta el otro delta,
donde aquél que nos ha unido nos llamó
y nos verá, como niños entumidos,
y abrazados, al final.


Bienvenidos, -nos dirán los demonios-
a cada sueño, pesadilla tocará,
y pedirán cuentas de nosotros,
pero nunca nos separarán.

CDXC.- Metafóricalipso



Cofrenesí que me cala los huesos,
almaravilla que viene hacia mí,
magiconsuelo flechado de besos,
lámparadoja que me hace vivir.

Truenormidad que cambió mi destino,
lágrimagina que estás en mi piel.
uvastedad que prefiere ser vino,
ímpetulante calor y placer,

Trinofensiva dorada en la leña,
liebrevedad infinita del mar,
ánforastera paciente que sueña
dulcelebrando la noche al mirar.

XXXIX.- Alma de Pantera




Cuando escucho la voz
de la esbelta que amo,
como si fuere una gran pantera,
cuando viene a cantar,
ella inunda la felicidad de mi cuerpo.

Ella sabe amar.

Yo la quiero oír, hablándome
por todos los oídos de mi cuerpo,
feliz hasta desnudarme
a golpe de murmullos.

¿Qué otra forma de vestir mi desnudez?
Qué otra forma de amar..

Ella siempre brilla
y me habla de cosas simples,
del olor de su camisa y de la ceniza,
o del corazón de niña
que arde en su alma de pantera.

De una fuerza en alegría gigante
o un pájaro nocturno en mitad de la luna,
y una gran manzana muerdo en su boca!

Cuando escucho la voz
de la esbelta que amo,
como si fuere una gran pantera,
cuando viene a cantar,
ella inunda la felicidad de mi cuerpo.

Ella inunda mi felicidad.

XXXVIII.- Pacto con ella


Ella me ilumina fuertemente,
considerando cada lámina de mí,
fértil y grácil y rara deliciente,
semejante a la completa periferia del dolor.

Y poniendo minuciosas finas águilas
que parecen artificios de rubí,
que se ajustan como escuálida que goza,
a tan siniestra delicada y tan opaca miraflor.

Nunca se lo he dicho y lo sabe.
Lo he preferido a lo que ha sido mi patíbulo lunar.
Perecer junto a su fuerza de linfática lumbre
y ha llegado a comprenderlo lentamente y dudar.

Voy a curar como latido y artimaña
lo que sordo ha padecido desde niña en soledad.
Es un ojo miserable y extraviado que duerme
en su perfecta gusanía de piraña o vendaval.

21 de marzo de 2006

XXV.- Himno Campanario Demente


Inexorable me he quedado mortalmente ciego,
que no veo ni la cara de mi propia tumba.
Ahora que cierro los dos ojos invisiblemente solo,
ante ocho hambrientos animales, no te vi.

No hay otro lunes más extenso ni sombrío
que la mañana donde pasa la gente
y su garganta toda llena con desconocidos:
son infieles peregrinos que no creen en mí.

Indecente sombraluz que locamente escribo
nuevas locas amistosas y palabras que caen:
indolente la embriaguez que imaginé hace días,
en oroviento, porque no me pertenezco ya.

Ahora no sigo
tu voz ni volantina dadá,
que hace unos días lo cantaba por algo,
que si ahora tocan la campana de la costra salgo
hacia el recreo luminoso en el arroz de tu mamá.

Pero yo guardo plena luz en el bolsillo del aire
y voy tomando de la mano sus caballos hombres.
Si una mañana tropezando que en el patio lloré,
me fui desnudo figurino y ya me puse de pie!

Serpiente cobardía sapo ruin habitabundo
irascible, sentado y problemático servil.
Y huyen los necios, porque soy, de mí,

el mimo enamorado cartulino cañón.

14 de marzo de 2006

XXIV.- Estrecho Corredor Violento

Cerca -donde vivo- está la Piúrita Flor.
La que no encuentra ni en el mapa su peñasco atolón.

Un rocoso y fulgurante prematuro desierto,
donde a veces se ha lanzado la plomada y el arpón,
la carnada o el cebo, y no pudo nadie nunca jamás,
ninguno ni atrapar lo que no puya nada,
porque el necio vino tuerto no ha querido atender
la caricia nutritiva del mar.

Argentino profundo y rutilante corredor resplandeciente,
acantilado impenetrable y precoz,
anticipado, peligroso y radiante,
tan callado bajo un halito constante y cegador:
lleno del rumor persistente
del mar recóndito de rocas y mareas.

Deslumbrante y luminoso,
como un sirte encariñado demasiado a la calle,
ya no pudo frenar ni nuestro paso rumor
y era inútil no animarnos a su grito obedecer,
porque mirarnos a los ojos y en seguida arrojarnos
sobre aquello que la orilla ha separado del mar
fresco titilante y lozano,
para ser por una hora los mismos
que nunca fuimos:
el torrente nos llamaba otra vez.

Obsceno, indecoroso, penetrante y bajamos,
mirando todavía nuestros ojos,
encaramados a la orilla y la costumbre
de nuestras manos,
afirmados al húmedo lienzo
de la escarpa tersa y azul
que se formó hace milenios, el oleaje
y con las piernas arrimadas en la roca,
los dos;
el arrecife sosteniéndonos la cruz,
como ladrones, azarados y suspensos.

Ahora el mar renuncia a su porfía milenaria:
marejada que repliega su voz
y la mudez en la tregua del aire,
diáfano y diverso letargo,
como el fondo del mar ante nosotros;
cristalino, aciago, múltiple y desnudo,
transparente irreductible coral.

Pejesapos que triscan su miseria aplastante,
lengüetazos encendidos e impotentes,
el chillido profundo y callado,
lejano madrugada secreto;
frío, como ruido inexorable,
que sordo indiferente sólo ellos advierten,
sin corrientes, sin fluido, sin agua.
Envenenados, amargados y agrios.

El bargueño que buscamos continúa allí,
semitapado justo verde donde lo planeamos,
bajo un velo de conchuela y arenas.
-¡Hay que abrirlo!

Estamos entregados y bajamos
hasta el hondo aguarrevienta del barranco.

Que descubrir y abrir el cofre no costó,
porque alguien lo ha dejado libre
y, tras la cúpula cubierta de algas,
no había más que hierba horizontal.

Uno tras otro, mil vegueros de oro.
Trozos de blanco pan.
Añicos y bodigo alucinante.
Cielo panecillo y corruscos.
El regojo abandonado por un ángel,
donde trozos de libreta fulgurante
era chusco alucinógeno y nuestro;
hogaza y espejismo brutal,
narcótico aplastante y sombra
de cuscurros imprudentes bajo el agua:
mimoso narcótico marino.

Era el mar.

Cientos de besos nos cubrieron la cara.
Arrumacos entre el agua y el sol.
Gemidos que el viento calló.
Ternura frugal que aquieta y canta.
Somos ángeles y sargazo de coral.

-¡Metamos en la bolsa todo!-

Más dejamos uno solo, por amor.
Cerramos el cofre al futuro,
y justo antes de alcanzar la pared de rocas,
una ola nos cubrió el baúl.

Había que subir en todo caso,
porque alguien nos seguía como nube oscura.
La luz y la sirena nos redujo a la mitad
y oscurecía,
porque nunca hay que confiar en la pasión.

Era un cancerbero que estaba sobre aviso
y nos miraba sonriendo sin mirar.

-¡Que haremos, soledad, qué haremos!
¡Buscaremos la manera de salir!
¡En cada mano, un pejesapo, en cada mano!

Pero saltaban, como larga pesadilla
y el bedel nos tenía a su merced.
Cientos de canijos relucientes
nos saltaban a la cara a cada cual.

Había que agarrarlos por el lomo y subir,
como moscas, perezosos, yo no sé.
Dos mendigos que se iban de la playa y solos,
tienen hechas las dos manos de café
o de copas y ventosas, caminando,
con los brazos, sin saber a donde ir ni parar.

Arrimados, llegamos a la calle.
Escondido, como náufrago, salí.
Era la bolsa o la vida y nadie,
nada nos alcanzó.

Ahora vimos el cielo en las estrellas:
es un beso el que nos vio nacer.
Amargo humo que enrojece los ojos
y cubre de naranja la costumbre de nuestras manos.

2 de marzo de 2006

XXII.- Cerote



Busco la fuerza
de un enérgico gorrión de plata,
su energía,
su libertad,
para no caer
tantas veces y una más
en la estéril dañina
inseguridad de mi corazón.

Llena la garganta de canciones plenas,
doy sin convicción la mano
y me dedican una noche la luna.

Yo soy el gran estúpido del Siglo:
al que han de haber amado tanto
y su mirada se llena de amor,
pero no tiene la certeza de su fuerza
y no se ha dignado casi nunca a vivir
enteramente feliz.

Llevo la mente llena
de amargas dudas de puerco
y tengo miedo de acabar un día
sin el hondo espíritu a mi lado.

Tengo tanto miedo de seguir.

22 de febrero de 2006

XXI.- Alegril



Dulce flor alegre llena
de súbito mis ojos grilces
con felices perdurables sentimientos:
zigzaguear presentimiento sin sufrir.

Soy huracán abanico colegial
empinado decidido hacia ti.
Caleidonauta campanario y beso:
labio live you love you parir.

Luminar alegoría travieso
celestial farandulino que imprudente fui!
Arrecife transparencia las antillas
pululando bullicio merodeaba feliz.

Descongelado culinario borracho
pendenciero querubino viril:
olegario balazo proeza,
neptuniano rio loa la nariz.

No me intentes detener,
que voy cayendo,
desde arriba
y hacia arriba vivir.

No camines volantín a mi lado,
que pueril desaparezco y crezco,
y apetezco, Capuleto enamorado:
Yo soy el lado delicado y febril.

9 de febrero de 2006

XX.- Sótano y Modorra




De modo que por siempre todo
era la fragua simplemente y el dolor,
la criatura de la tosca mentira,
la nauseabunda leche, y no era amor?

Por dar a luz la madrugada que en el viento
amanecieron en lo mismo una vez más,
y dejar abandonados santuarios:
cruces iguales por igual maternidad.

Pero nunca lo abandona la cigüeña
ni ese mesías que algún día le curó.
Si se olvidaba, le quitaba la magia:
el nilo de oro en que mirábalo Dios.

Verde como anduvo donde idiota,
lo que la calle se llamando Libertad,
el peregrino caminaba atrayente,
el penitente en indolencia arrepentido y pan.

Qué sangre vino que llevaba su nombre
y su ardorosa caravana, meretriz?
La puta loca que le fuese ajena,
desconocida, el universo y la dorada puñal.

Nací de siete puercos que maldita parió
y del planeta, que el poeta no fui yo,
porque yo nada, porque nunca fui!
Mi flor abierta maravilla, pero no por ti.

Porque en el alma prostituta desierta
como ninguna abandonada, la modesta flor,
porque era ella, casi mía y como muerta,
olvidaré que lloraría su perdón.

1 de febrero de 2006

XIX.- Calmohada


Águila sosiégate un segundo
para darnos la mirada delirante
vuelvete del ancho y crudo mundo
en oscilante desplegar amando.

Detén el insistente pendular
y mírate pisar los pies,
tal vez nos trague el mar,
por nadar detrás de lo que es.

Pero no deja de tener su belleza
sentarse en rato y ver pasar a la gente,
tan diligente, descuidada y pendiente
del puesto que ocupan en la mesa

30 de enero de 2006

XVIII.- Morbosamentermita Rosa

Cual gusano que se arrastra toda una vida, 
reptil y perezosa, siempre serás 
la mosca y la arrogante garrapata asquerosa: 
la mandrágora procaz. 

¡Oh, babosa 
que tienes en el pelo esa cosa 
hedionda, maloliente y te vas, 
maldita sea, te vas! 

¡No te quiero ver nunca más! 

Porque siempre cada día serás 
piojosa insana y garrapata falaz, 
horrorosa moscardón y penitente, 
mitad asquerosa y mitad doliente, 
la mosca y la arrogante garrapata dolosa: 

¡Morbosamentermita rosa! 
¡Morbosamentermita rosa!

12 de enero de 2006

XVII.- Plegaria Imperfeccionista

Se une a mi muerte 
el llamado glaciar 
y le da vida, sin embargo, 
a ese intenso ser 
que está dentro de mí, 
dulcemente.

Paciente riachuelo 
que todo lo zozobra, 
une su perfume 
a mi recuerdo otra vez: 
dentro de la negra noche oscura, 
entre tupidas miradas 
y abre su paso brillando 
en calurosas estrellas, 
sobre mí.

Amable ser intenso y frío; 
témpano inmortal 
que besándome vive 
y reina en mi interior, 
por lo ígneo de los signos.

Ayer.

XVI.- Eterna Senectud Valiente

Acaso sea siempre así, 
seguro muy probablemente, 
si no el único aspirante a ser, 
el viejo que habitando el planeta. 

Sintiendo cada día y pendiente, alerta.

Creyendo ver en todo otra cosa, 
desconocida: hermosa. 

Pudiendo de algún modo ser eso, 
todo muerte y goterón que mama: 
todo perdón en cada hueso de la cama. 

O vivir y caer todas las noches, 
aterido, inerte, o morir 
apasionado bebiendo, 
sumergido y habitando, yo.

5 de enero de 2006

XV.- Oculta Melodía Voluntad

Hay una conciencia juguetona, 
libre y preguntona, 
valiente, 
que se vierte en abanicos felices, 
cuadernos elegantes y hojas grises, 
o en el viento que cantamos en silencio, 
todos divinos, todos buenos, 
contentos. 

Hay un ángel que me dicta cada surco, 
entre las líneas que abandona mi lápiz: 
el niño viejo, bueno y malo, esperando. 
Llorando yo, anciano nuevo y volando. 

Lo que en mi alma se ejecuta cantando. 
Perverso fiel y bellamente feo. 
Atento dulce y diferente: puro deseo. 

Ese loco que obedece a los duendes 
y que ignora a aquel que todo lo enciende, 
detrás de todas las verdades del tiempo, 
que vive lleno de palomas de agua, 
cuidando a todas sus hermanas de nieve 
y brilla como un cuervo que se burla 
imprudente, que comete delicado, 
sin embargo, divertidos errores. 

Su fiel naturaleza musical 
lo hace heredero de otro tuerto viejo, 
aquel que ha muerto, 
el pobre tonto, el zorro simple, 
mi antepasado que ha leído y olvidado 
el resultado de bandidos augurios, 
y aquellos lentos chirigües presumidos, 
como ese largo del pasado que oculta 
al quinceañero que quizá -quién sabe- 
es el efluvio de una fuerza buscadora 
de palabras y caminos nuevos. 

La paz divina de la muerte melodía, 
que fue mi abuelo y su regreso mentiroso, 
o un territorio mariluna luminosa: 
la noctiluca del abierto mar, 
toda desnuda, mariposa jugar. 

¿Cómo puedo saberlo yo? 
¿Quién no de niño no ha seguido su instinto? 
¡Yo soy el beso suspendido y la marea! 
¡Yo soy tu viento amanecido y, hasta el fin, 
hasta que sea! 

Yo, feliz.

25 de diciembre de 2005

XIV.- Agua Fiesta

¿Cuál es que pudo de pena dejar 
en otro tiempo a uno cualquiera vivir? 

Ensoñar aparecido diamantes, 
ancianos, inertes, doloridos, 
¿y arroparse una mañana de hojas secas 
como vestido? 

En amarillo de papel, jirones, 
cascarones que semejan gorriones 
arrepentidos, casi nada y de pronto 
¿dormidos amasijos para siempre? 

Oh! Amigo negro de maderos, 
así llenábanse y pulmón de halagos, 
que habitaba en silenciosa vaticinio. 
Cual respiraban, tranquilidades! 

Hoy te vi adornado en la muerte 
de tu ciencia cavernícola con hongos. 
Su paraíso conmemora funesto 
y a todo gesto, vivió lunares. 

Dime, viejo tuerto, de una vez, 
testarudo fanfarrón sin raíces, 
como quiénes habían dado su especie 
a tu género rapado de surcos? 

Y hasta cuáles conjetura luminosos 
un día nauseabundo murió? 

Yo, terco contigo y luchaba senil, 
limón envenenado y poroto, 
lo que adviene y conmemora radiante, 
a morir. 

Oye, tú, puerto verano jadeante, 
como esa aurícula afiebrada que aspecto 
sumergido entre siluetas y mudo, 
oye, tú! 

Yo tristeza, nunca más otra noche. 
Yo cualquiera amedrentaba y aquí. 
Yo nervioso y solapado y baboso, 
tan solo nos definitivo morí.

6 de diciembre de 2005

XIII.- Nadie Jamás



Golondrinas luminosas y sabias.
Infinitas las estrellas sobre mí.
Antes de morir y ver la lluvia,
nadie me había amado antes de ti.
Enteramente amor y libremente,
la misma luna libre de los dos,
los dos ojos que se vuelven brillantes.
Antes de ti nadie jamas me amó

Flotaría como polen que volara
intensamente en pos de ti.
Luminoso que brillaba y nunca
imaginaste que seria asi,
porque me dieras la vida juntos
porque sería como nunca fui:
Incesante y madurando tuyo

Antes de ti nadie jamas me amó.

9 de septiembre de 2005

XII.- Pobre siendo sigo yo


Doy mi cruz por un cáliz de leche,
que contamine mi sangre de pan.
Más vale un ángel que pasmado dude,
que amanecer en el infierno un día más.

Nunca había salido de noche,
pero esta noche me las va a pagar:
por cada llanto y por las gracias que no tuve,
por cada día que fue eterno y dolor.

Ahora quiero que mi cruz de yeso
se quede esta noche con Dios,
porque nunca le he cobrado a nadie
y nunca he querido, yo.

Y yo sigo siendo pobre por eso
y por eso pido perdón,
porque voy a cobrar lo que la calle
me ha privado y no he tenido amor.

Mi calvario por un grial en alimento,
eso por pobre siendo sigo yo,
por cada lágrima de gozo que no tuve
pero esta muerte en soledad, por eso no.

XI.- Médula Cabal


Ya no hay deseo en las palabras nunca,
ni sangre que servir de alimento,
porque ha bastado ser un día algo
para querer estar dejando de ser.

¿Cómo se vuelven eternas la risa,
la pulpa entera que me vio nacer?
¿Qué hacer un álamo de días nuevos
para dejarlo caer y no ser?

Hoy he despertado llorando dentro
y nada me sirvió de consuelo.
Era la incómoda laguna muerta,
para dejarlo caer y volver.

Porque morir se vuelve tan seguro,
yo tomo el aire como lento veneno:
tan inminente, tan azúcar perentorio,
como siempre ha sido morir.

Y va cubriéndose de oscuro la noche,
para querer estar dejando de ser.
Sólo se sienten y se miran lejos,
como mendigos, ya no quiero ver.

Un perfecta confusión me ciega
la pulpa entera que me vio nacer.
Como andrajosos, funeral apagado,
y se vienen a morir, lo se.

X.- Sol Callado Pleno



Se han hecho gestiones tendientes
a quitarle cierta clase de soltura,
que parece despertarse en la noche,
con que la gente saluda a los demás.
Pueden ver desde lejos que nadie
reconoce que despiertan con la luna
y han dado vuelta saludándose callados,
a pleno sol y sin mirarse, nunca.
La decisión se tomó de noche,
gente que no se saludó:
La gran ofensa del que no te mira,
te da la espalda y no te ve brillar.

IX.- Pulcro



Una vez dejé feliz a alguien,
y no lo recuerdo ya.
Le hablé de selvas,
primavera hermosa.
Pero ya no puedo más.

Felicidad de peluquín y mugre,
porque hay algo que de mí se aleja más.
El camino, se alejan de nosotros,
y una demencia servirá de colofón.

Cuando hay dos piedras que me miran yendo,
como locura que me priva de ir,
que me priva de ir como locura:
Son como piedras que me miran. Adiós.

Y en silencio pulcritud de eco,
incapaz de sentir y querer.
Algo se dicen cuando nada hablan:
sólo se miran, ayer y ayer.

Ayer, había sólo acantilados:
algo me dice que morir aún.
Yo no me quiero consagrar ahora.
Algo me quiere todavía aquí.

Yo hablo de selvas, primavera y mugre,
como locura, acantilado ayer.

VIII.- Modem


Alguna noche nos van a dominar
y seremos esclavos suyos.
Discutirán en secreto nuestro precio
y quien tiene la memoria y el poder.

Tal como nosotros dominamos,
alguna noche seremos vendidos
o nos darán en parte de pago
por un par de tarjetas vencidas.

Vagaremos sobre pasto
forastero que arde
y nadie nos reconocerá.

No tendremos ni partido
ni soldados
sólo una inmensa tarjeta, mamá.

¿Y a quien llamaremos Madre?
¡Vendido alguna noche serás!
¿Y cuándo pensaremos en ella?
¡Alguna noche nos van a dominar!

18 de agosto de 2005

VII.- La verde carcajada del maíz


Ella se burla de mi nube gris
y yo le escribo largas cartas de viajero,
que luego lee distraída junto a mí:
Perezoso cartero, pobretón y jilguero.

Ella se ríe de mí,

del niño viejo que me sigue y me toca,
de la palabra que se escapa de mi boca
y que de pronto la hace tan feliz.

Y ella se ríe, toda entera el alma

con la verde carcajada del maíz:
Me da la mano que me quita la calma.
Me da la luna que no para de reír.

Y ella de pronto seriamente se calla,

ella me abrocha la camisa y se va.
A la mañana siguiente me llama
y yo le pido que se ría una vez más de mí.

Que se ría todo el día de mí,

que no se guarde la alegría por mí,
y que se llene de gorrión y melodía,
por mí.

Que no se guarde la alegría por mí

y que se ría
con entera el alma linda

todo el día, y todavía, sin mí.

VI.- Manzana de Adán



Toda una góndola llena de flores
viene a dormir junto a mí:
cierra de improviso la boca
y abre los dos ojos a la vez.

Grita cuando llega la tormenta
y brilla como un beso en la nariz.
Y duerme como diosa muerta
pero vive dentro de ella la piel!

Late como un alma de fuego
todo manzana, todo rojo corazón
y como el lento corazón de la manzana
lleva la marca de la nieve en el mentón.

Humor y color valiente,
lo que llora dentro de ella en oro miel.
Como cándida que mira en su frente
desnuda, blanca, piel

Y brota una sirena que provoca
amor, calor, morir.

10 de agosto de 2005

V.- Inseparásito



Hay estaño en la mirada de la gente
perverso mirar como estaño,
arenoso, que cae como el tiempo
y como el tiempo sigue su sombra.

Un denso descenso de agua
sobre agua infinita y quieta.
Dicha una palabra en todas partes
y no hay nadie.

El sonoro larvario de las cosas
que barre como espesa deriva,
va dejando tras de sí su paso
de cordillera y cabellera para siempre.

8 de agosto de 2005

IV.- Azulamento



Imagino un planeta líquido.

Uno cuya superficie sea sólo un mar enorme,
espeso y frío, lácteo y brillante.

Un planeta del tamaño de Júpiter,
que flotara sin continentes,
a la deriva imperturbable,
y no a raíz de una gran catástrofe remota,
que hubiere dejado su señal
y su fluido blanco a gran escala,
sino por el azar, y así,
desde alguna vez:
inmensamente oceánico.

Dos estrellas rojas apenas iluminan el cielo,
tan lejanas y frías que se confunden,
que casi no se distinguen del resto de los soles,
y hacen del planeta un elefante cautivo,
condenado para siempre a una luz
como de sangre que lo cubre todo.

Un desierto disuelto,
un prodigioso atardecer eterno,
tan eterno como el albo mar,
que brilla sin embargo y nos ve.

Y es tan bello,
tan curioso
que resina fundida y blanca,
pero fría y mortecina como el alba,
cierne claustros por entero alrededor.

Dos estrellas lo atraen poderosamente
y caprichosamente lo dejan ir,
aunque que jamás le darán la libertad.

Y no hubo jamás un continente

oculto subterráneo bajo el agua,
porque una profunda masa de hierro compacta,
inverosímil e incógnita, inaccesible, poderosa y fértil,
habita su corazón joviano,
lento, como el tiempo en hojas,
rotando incansablemente,
silenciosamente y sin pausa.

Un mundo carente de olas y mareas,
donde sólo el mar indiferente y parco,
quieto simplemente, va girando sobre sí.

Y hubo seres que flotando y sintiendo,
en eterna vorágine carnívora,
poblaron cada tarde al planeta,
y aparecieron de pronto bajo el agua,
siguiendo una hilera de quietud y silencio,
uno tras otro,
como escualos que una mano divina
arrojase antiguamente a su destino.

Criaturas que nunca tuvieron que adaptarse
alguna vez a semejantes condiciones,
porque han sido desde siempre marinas;
porque mueren todas las tardes,
perpetuándose en género y especie;
porque huyen por la noche
y, de pronto,

algo me ha llorado el corazón.

28 de julio de 2005

III.- Tescucho


Oh, amor, somos tan libérrimos,
asustados en el agua, mira
que hasta las palabras de ánimo
suenan como de mentira.

Histéricos y eufemistas,
que abundan y tal como somos
pesados en el mismo plomo:
Seamos los imperfeccionistas.

Dime lo que pensando
vas queriendo decirme
y pensar todo lo que dime,
por favor, pero dime.

Sin lujo de detalles
ni material sublime:
Hola, qué tal y como somos.
Nunca pares de decime!

Y no te calles,
por favor, pero dime.

Dime.

27 de julio de 2005

II.- Brilla


Sirena de maldita putrefacta
que no quedan en el vértigo reloj.
Dulce primavera que compacta
cada día luce algo mejor.

Eléctrico perfume que plateado pulso,
lo pudren en el ártico calor.
Sangre, vida, nueva, palidece:
casi todos somos lo que todo flor.

Éramos de savia tulipanes,
presenciábamos un álgido, Señor:
Costumbres, gestos, pirámides, pastores,
haremos un mundo mayor.

Que por fin se levantando todos
tan temprano y tanto tiempo, amor.
Éramos tu niño que lloraba
pero dígame por siempre no.

Vida de almanaque antiguamente
pero nunca apareciendo cruel.
Y se cumpla tú felicitándome, volvemos.
Pero dígame por siempre, Adiós.

18 de julio de 2005

I.- Manifiesto Imperfeccionista.


1.- La perfección es imposible.
Aquél que por acto de voluntad se obliga a la perfección, contrae la enfermedad incurable y contagiosa del desaliento. Quedará en deuda con los demás y será ejecutado quizá, mas también esa ejecución será imperfecta.

2.- No debe ni puede pretenderse alcanzar la perfección como virtud ni como afán.
No existen vacas sagradas. La lucha inclaudicable por conseguir el fin que siempre se añoró, está perdida de antemano, porque sólo existen vacas y puercos.

3.- La imperfección no es sólo lo único posible, sino que es, por sobre todo, lo admirable en hombres y mujeres, vivos y muertos.
Ser consecuente con lo que se cree y piensa no lleva a la locura ni implica tampoco un divorcio con el resto de los mortales, porque la consecuencia es imposible. Nadie cumple lo que promete y ningún negocio se perfecciona jamás.

4.- No existe la consecuencia ni el honor.
La fe del bautismo y la sangre de los héroes caen siempre en el olvido. No existe el recuerdo, porque no es posible reconstruir mentalmente nada. Cuanto más deliberado sea un juramento, mayor es la traición, y todo juramento es traición.

5.- La deshonra y las contradicciones son las mayores virtudes.
Nuestra imperfección vierte en cada corazón abandonado y sin valor un sueño fundido que brilla y que es oro: no somos otra cosa que la Suma Contradicción y la más hermosa. Descartada toda posibilidad de excelencia, de triunfo, de becerros dorados, de inocencias consagradas, de buena fe en los negocios y de promesas por cumplir, sólo queda por considerar la ofensa al pundonor que semejante miseria provoca en cada uno de nosotros, una Bienaventuranza. No poder hacer más que desarreglos y extravíos constituye finalmente la sal de toda existencia que, como tal, está condenada esencialmente al bello fracaso.

6.- Somos hombres y mujeres de verdad cuando no somos hermosos.
La armonía es el silencio. La belleza esta sucia. Del sueño imposible no podremos ser despertados. Nunca calza nuestro pie y todo se pudre inevitablemente. Algo siempre se pierde cuando se crea. Y nada se transforma, porque no hay un punto exacto ni hay un modo.

7.- La mejor herencia que pueden recibir nuestros hijos viene de la época en que fuimos pobres, deshonestos, impacientes y mentirosos.
No hay máximas. Todo denodado esfuerzo por educar y formar a hijos y estudiantes en la virtud y la perfección están destinados al dulce fracaso, puesto que ni siquiera en el supuesto de que tales valores cardinales fueren posibles, habrán éstos o aquellos de hacerlos suyos. Incluso el cedazo del aprendizaje tiene grietas y cada medida recibida como tesoro es abandonada o se pudre. Sólo es posible aprender remedos incompletos y la gran sabiduría consiste en descubrir que todo afán es precario y que la vida es una cicatriz.

8.- Siempre tenemos miedo, porque nunca cumplimos lo que prometemos, aunque lo intentemos.
No existe la muerte, porque aun las larvas que habitarán nuestro ataúd estarán hechas precisamente de vida y fuego nuestro, el fuego que no se consume. No existe fidelidad hasta la muerte, porque no hay tampoco medida. Sólo hay dulces fracasos y un largo respiro incompleto. Es sólo el miedo -y no la vida- lo que nos abandona con el último aliento.

9.- Dios es minúsculo, intrascendente, impotente, está durmiendo desde siempre y se pudre con nosotros.
Nadie ha hecho todo lo posible y siempre queda algo por hacer. La fe no se comparte, no brota de nuestros ojos, ni tiene facultad alguna, sino que permanece oculta para siempre, dormida en todas las cavernas con que la muerte nos socava. No existe tristeza ni alegría entre nosotros, porque sabemos que nadie es mejor. Cualquier esmero por alcanzar la santidad es inútil, ya que toda vida es eterna y nada está completamente vacío.

Nos gusta Cuculí Pop