4 de febrero de 2010

DCXLIII.- Tarde para nosotros


Hubo noches en que uníamos mi voz, su sueño
y la mística aventura en un fulgor común,
que se hacía de nosotros cual si fuera el dueño
del latido despiadado que era nuestra luz.

Desnudándome impaciente por llevar un solo trozo
de frugal austeridad a su misionera risa,
cual relámpago de cálido vigor parsimonioso,
se prendía de mi vértigo vapor sin prisa.

Ahora ignoro realmente si será infinito.
Por de pronto me conformo con que siga un poco más
su calor y su naufragio en el lugar que habito,
como extraño y misterioso desamor voraz.

3 de febrero de 2010

DCXLII.- La Mosquita Muerta




Yo creía que el amor es como un juego,
que bastaba con tecitos y pan duro:
las manitos llevan cuentas de los credos;
las pisadas, de miradas y te juros.

Pero todo es como lágrimas de greda,
que se han dado cresta y media contra el muro:
quien te siente más te miente, que algo queda,
y se fuma tus besitos como un puro.

Lo peor de esta comparsa es que no pueda
detenerse, porque sigue con el nudo.
No está muerta. Lo que pasa es que se pega
como un alma enamorada dando jugo.

Esta noche se bendicen las candelas,
por llenar de vida ajena y luz del mundo
a los santos, con la vela que nos quema.
¡Mi animita sigue dándose de tumbos!

2 de febrero de 2010

DCXLI.- Amanesíntoma


No hay un mecanismo comprobado
que nos permita conciliar el sueño
cuando ya luego de las cuatro y media,
no se halla nada que nos haga dormir.

Y se pretende convivir entre paredes
o destinar dinero nuevo a la crianza,
por abrochar cada proyecto con el fuego del destino
y cultivar, domesticar, pertenecer.

Si los que no saben amar son los que cantan,
los que se sientan en la iglesia, se levantan
cada domingo por la tarde de la mesa,
y van amando sin siquiera despertar.

La noche es nuestra, y la hacen los sueños.
.
Por respirar cuando no hay nada por delante
o amanacer en el invierno de la luz
y andar el día loco péndulo razante,
indiferente como viene el mar.

No se ha creado todavía la sutura,
su lacre blanco no nos deja de sangrar,
y corre vértebra de látigo maléfico siniestra,
a la palestra caminando y capilar.

30 de enero de 2010

DCXL.- Me Aburrí Pop



Yo no soy cualquier huevá.
Mamá, lo siento.
En el fondo de mis tripas
digo siempre lo que Soy.

Porque tengo una campana
y cuatromil quinientas
ecuaciones y funciones
en mi forma de querer.

Y a la hora de la cena,
cabisbajo solo rezo.
Si no rezo, le hago gestos
con la amígdala a tus pies.

Ya ves.

Junto al plato voy dejando
cuesco, pepa, cada hollejo:
yo me limpio los bigotes
con la mano y el mantel.

Yo no soy cualquier idiota,
porque pienso.
Y me voy por el camino
de borrachos, al burdel.

Donde nadie me hace caso
y aprovecho,
en la barra, le converso
a la mejor mujer.

¡Mujer!

Considera por al menos
un instante
el papel que en este mundo
me toco desempeñar.

Yo no digo que me mires
a los ojos,
pero exijo que te fijes
en el hijo que hay en mí.

¡Por mí!

Se han abierto los estadios
y las plazas,
han compuesto sinfonías
y mesías para mí.

Yo no soy cualquier idiota.
Insisto.
Por si vas a hacer conmigo
objeto de tu voluntad.

Te recuerdo
que por algo existo.
Allá al fondo de mí mismo
está toda la Humanidad.

29 de enero de 2010

DCXXXIX.- Ciento cuarenta y cuatromil.




Que lo de todos sea de nadie
y que sin esperar se den,
o reciban los que entregan
lo mejor y un poco más,
pues si tengo la fortuna
inesperada de tener,
no es mi culpa y me rebelo
a la arrogancia de envidiar.

Yo quiero ser también
alado un angelito,
que lleve especies a rincones
donde nunca fue el sabor,
y en amigable riachuelo
de canciones, bendito
traiga a todos un consuelo
y que no exista el cazador.

Pero me habitan
los demonios en el alma,
que se despiertan cuando grita
nauseabunda la traición,
con el claro desparpajo
de rateros que se escapan,
y anda pérfida, ladina
y dice “Tengo la razón”.

Una mañana sin aviso
habrá un ejército en tu casa
y en mi casa y en las casas
de los hijos que vendrán:
pedirán de cada uno
los mendrugos que nos queden
y se irán con los que llenen
de perdón el corazón.

16 de enero de 2010

DCXXXVIII.- Mi Hermanita


Ella me dejó soñar su canto enamorado,
sin hablarme, en un comienzo, del pecado de soñar:
comparando su futuro y mi pasado
con la entraña numinosa y fugitiva del mar.

Una tarde de septiembre dijo toda la Verdad
y, perdido en su delicia, me volví su hermano:
¡Que por fin en este mundo se haga Su Voluntad!
Desde entonces fue un amor cristiano.

Que Jesús tenía un clavo en las dos manos
y por amor se sumergió en el mundo,
para ser incluso amigo de paganos.
¡Me enseñó la Creación en un segundo!

Pero, tal como llegó, de pronto desapareció
y ese loco, bello amor cambio de signo.
Su Cantar de los Cantares una noche calló,
y me quedé con la Primera de Corintios.

14 de enero de 2010

DCXXXVII.- Lamá Sabactaní


Vendríamos por fin todos aquellos
que existan y persistan o confíen:
ayer será mi impávida la noche,
hablándonos amigos de los sueños.

Mañana se hizo demasiado tarde
y fueron escondiendo sin derecho
mis manos, abrigándonos el pecho
y el alma peregrina los cobardes.

Yo sigo yendo casi como siempre,
buscando su mirada en el Salón:
mi vida despedida entre la gente,
y un día descubrí que sólo yo.

Que ya no somos más que casi nada.
¡Hermanos, he venido por amor!
La mano que me trajo está callada,
y todo, al consumarse, comenzó.

12 de enero de 2010

DCXXXVI.- Divinalegoría Póstuma


Escribe un personaje de la pobre oscuridad,
que inelegante,
etermitente,
peor amando que dejándose querer;
fue abandonado a la pletórica pasión,
tan generoso.

Obra suponiendo que no hay nada que perder:
prefiere nubes
y cormoranes,
o todo un gran inmenso mundo de presencias semejantes,
soledades,
que halló la hermosa y viva dádiva que un día recibió
y le consoló:
que fue con ella lo que nunca pudo ser jamás,
y se marchó.

Y ahora que vengo yo leyendo su bitácora de gran dolor,
tuve el valor
y la entereza de acercarme a él
para saber,
sin mucha fe,
pero conciente de las sombras que le habitan el alma
o las prisiones
que no perdonan ni lo dejan escapar,
si esa paloma,
la más plebeya de las rígidas princesas,
el oro escombro que se encuentra repartido
en los arroyos y placeres del edén;
qué fue de aquella humilde lámpara de púrpura frecuente,
indiferente,
tan repentina que llegó y partió,
pero dejó su intensa, dulce y diametral felicidad constante.

Yo fui su amante.

8 de enero de 2010

DCXXXV.- Evaporarte


Porque sigo como un dios, perfecto y saludable:
la certeza y la razón se reproducen en mi sangre.
Y en lugar de estar en cama, me levanto y anudo
la corbata, mis zapatos, mi sonrisa y salgo.

Mas quisiera por la noche de una vez enfermarme,
irremediable y sin aviso para siempre de algo.
Contraer una dolencia de incurable corrosión
en aquello que abastece de alimento a cuanto valgo.

“¡Pero, cómo se te ocurre, querer eso, pobre idiota!
¿Es que no te gusta ser o disfrutar del todo tú?
¿Te parece que la vida es una necia copa rota,
que es mejor a la conciencia no cuidar de la salud?”.

“Hay millones de postrados miserables que darían
cuanto tienen por gozar en un segundo de tu paz
y que sólo por vivir un breve instante de tus días
venderán hasta el alma, por aquello que tu das".

“El vigor de tu confianza melancólica es un fraude
La presencia de la ciencia negligencia es la da
a esa cómoda existencia que desprecias y que arde,
un sabor de soñador, de perdedor y soledad”.

Por dejar de estar tan vivo entre la espesa gruesa muerte,
por hallar el privilegio y no volverme a enamorar,
yo quisiera se ajeno cual museo para el arte.
Cabizbajo, sin sentido, arrepentido y claudicar.

31 de diciembre de 2009

DCXXXIV.- El mágico tesoro del adiós


La misma rara danza
pudimos haber sido
de amores repentinos,
con éxito entre tantos:
la flor de la esperanza,
palomas en el nido
y un nuevo claro trino
sumar a nuestro canto.

¿Acaso en otra vida?
La única que queda..
El ángel que nos cuida,
el mismo que se lleva
amores tan fecundos,
suspiros que agonizan,
acaso en otro mundo
su muerte va deprisa

Del viejo derrotero
creía ser el hijo:
de fábulas aladas,
yo nunca estuve lleno.
Oímos su llamada
que pisa nuestro freno
de tiempo carroñero
y péndulo acertijo.

27 de noviembre de 2009

DCXXXIII.- Octópodo Recóndito en Azul


Yo estaba allí,
marina mía,
estaba allí,
y en cada uno
de mis ocho brazos
hubo
dos mil ventosas
como besos en ti.

Mi boca suave,
mi locura perfecta:
millón de voces
adheridas a tu piel,
nadaban cientos
de medusas venenosas,
y en himno vuelo
me dejé caer.

26 de noviembre de 2009

DCXXXII.- Ella es


Era necesario seguirla,
mas no cejar en el afán,
y descubrirla
por alcanzar un alma fábula de albur perfecto,
y con su efecto,
su prodigiosamente cúmulo de luz alimentar
mi pan abierto,
con agua viva la primera canción,
la del solemne compromiso manifiesto.

¡Que no haya cirros en el alto del cielo!
¡Que no levante todavía ella su vuelo!

Porque sereno, yo camino, yo tan bueno,
que fui el amor y el más extraño desvelo,
fui el inexperto cariñoso desconsuelo,
y ahora he nacido para verla nacer:
quiero tomarla de sus alas y ser
lo que he esperado para mí toda la vida.

Es mi deber.

23 de noviembre de 2009

DCXXXI.- Finopia


De dónde es que proviene aquella vida marrana
de paños blancos fétidos y mugre en cada cama,
la tina convertida en catacumba de féretros
y espesa callampa de sabores que manan.

Yo duermo rodeado de parlantes en desuso,
y viudas con las manos manchadas de vino,
de niños alejados de su padre, reclusos
que no llevan bien las cuentas y repletan los casinos.

Se siente brotar desde las bocas hedores
y tienen los tobillos de la gente durezas,
canastillos de mosquitos sobre los televisores
y dolor de bacinicas y pantuflas viejas.

Cuando busco la certeza de los años mejores,
tejidos mordiendo vestidos falaces
y polvo de canícula con malos olores,
que toda miserable cocedura estaba allí.

Preciso la limpieza de las almas simples,
que se lavan las manos antes de comer,
que recogen la vajilla, sacuden los manteles
y prefieren la costumbre de la antigua mujer.

22 de noviembre de 2009

DCXXX.- Algún día


Por haber hollado dedos sin anillos,
porque siempre fue la vida irregular
en la noche de las pulgas y los grillos:
la esperanza nos irá a escuchar.

Porque guardo aquí en el cofre de mis palmas
una clara primavera que me va a perdonar:
milagrosamente todo se convierte en almas
que caminan en rescate sobre el mar.

Tránsito consuelo del divino diseño
que me esperentorio, busco poco yo:
mi cadalso de pañales para el sueño
de la muerte, del pecado y del amor.

21 de noviembre de 2009

DCXXIX.- El Refugio


Me gustaría vivir en Cucao
y ser pescador artesanal,
tener un chancho engordado
y veinte pollos en un corral.

Tortillas de rescoldo calientes
pan amasado en cocina a leña,
y la tarde abrigado con un poncho
leyendo a Tolstoi y la "Biblia Enseña".

Tomando mate con malicia,
mojando los pies hasta las rodillas,
y amarnos cada noche contándonos
la breve historia de nuestras vidas.

10 de noviembre de 2009

DCXXVIII.- Besortilegio


Beso que soportas la distancia,
y que viajas por encima
de la tierra hacia mi:
de su boca hasta mi boca
y de la mía otra vez.

Niño volando,
migrante beso,
anhelo canto que me embriaga
hasta volver a salir
desde mi ser y de mis ojos
y mi Dios perfecto,
como pompa de frenético calor resucitado,
y que ha volado nuevamente hacia ti.

Beso que has vencido a los prejuicios,
y has osado peregrino delirante al fin unir
a una bella mariposa con la noche
y este mínimo naciente Cuculí.

2 de noviembre de 2009

DCXXVII.- Cárcelibato



Lóbulo de fresa para el que no quiere
huir de la carnada por no perecer,
víctima del águila que nunca muere.
Íntimoribundo, me negué al placer.

Ya no puedo ser de la que sólo prefiere
carne amontonada, sin saber de quien.
¡Hembra denegada! ¡Dulcinea hiere!
Vine hasta la tierra para hacerlo bien.

Ultimo torrente donde no hay mujeres,
sigo caminando por un largo Edén,

tímido, y oculto para aquellos seres
que le dan su vida a la genuina miel.

27 de octubre de 2009

DCXXVI.- ¡Mira la flor!


En mitad de la noche
-ya era tarde para llamarla-,
desperté creyendo que todo era un sueño,
que nada había de cierto en nuestro mundo hermoso,
que si hurgaba lo necesario encontraría finalmente
a la noche vacía de luciérnagas
y un amanecer de espanto.

Comencé, de tal modo, a averiguar,
en el camino de mis recuerdos recientes,
qué parte del sublime vértigo que creí ficticio
era indudablemente cierto,
qué fragancia vuela todavía y se siente,
cuál de los suspiros que invisibles me inundaron,
todavía permanece en primordial consumación alegre,
para desde allí, a partir esa chispa,
de la mínima candelilla del amor real salir,
iluminándome orgulloso y con fe,
tan satisfecho de mi tierno hallazgo,
de esa material seguridad que da la ciencia
a los que quieren confiar, amar y creer,
pero no pueden porque un abismo se ha extendido
siniestro frente a todo lo que quieren emprender.

Pero a medio andar ya descubrí que erraba,
que si nada buscaba, nada encontraría,
que era preciso creer para hallar,
pedir para obtener y sentir para ser.

Y entonces se encendieron las luces,
brotaron los capullos verdes
y elevó sinuoso canto el niño solo que dormía:
¡Al mocoso le brillaban los ojos!

¿No le ocurre a veces Palomita lo mismo,
en mitad de la noche -ya tarde-,
que se desvela prematura sin saber,
que el amor ilimitado le parece indigno,
que nada tiene mucho sentido,
y se levanta a meditar desnuda,
a esperar que un nuevo sol de madrugada le aliente?

Yo quiero decirte que creo en ti.

El Diablo mete la cola, pero cada vez que lo hace
tomo el machete de mi vuelo sinforoso
y la cerceno cual si fuese un buey,
y el conjunto de las cosas “reales”,
que han venido hasta mi cama a gritarme
que no crea en lo que no se ve,
y me entregue a la sombría presencia
de la fauna y la certeza y la hiel,
se desvanece y ya no existe más.

Yo creo en ti, Palomita.
Yo simplemente creo en ti.

17 de octubre de 2009

DCXXV.- La Pepita de Oro



Yo digo que podemos pasarnos la vida entera dando razones para demostrar que Dios no existe, y que el amor es sólo un síndrome pasajero, que las ilusiones son pura alucinación, que la realidad nos la hacemos nosotros mismos a partir de prejuicios y que los sueños son cosas del inconsciente y nada mas; que somos este puro pellejo y que es mejor vivir sin preocuparnos.

Pero al final del dia, siempre termino hablando solo y en silencio con ese tonto que se llama Yo, y le digo que antes del último dia, del último suspiro, de la última copa y del último abrazo, miraré hacia atrás, querré volver a esa dicha fecunda de los 20 años, a mi primer amor, al nacimiento de mi hija y a ese inolvidable paseo por la playa, pero que ya será tarde, porque me llevará inexorablemente la parca maldita y todo volverá finalmente a la tierra.

¡Sí, es verdad!

Puede que el amor no exista, que la amistad sea pura fantasía, que las estrellas sólo sean hidrógeno incandescente y que mi madre nunca debía haberse casado hace 40 años con ese Profesor.

Pero no sé por qué me tinca que existe algo detrás de los ruidosos enjambres y los blancos faroles y los viejos payasos; que la muerte no me roba para siempre, y que me tienen preparada una rica paila marina en algún lugar, para cuando mi corazón se haya cansado de bogar y se apague definitivamente.

16 de octubre de 2009

DCXXIV.- Ya era hora


Si a veces tengo cara de melancolía
debe ser que no me basta únicamente
con vivir de las pequeñas alegrías:
ahora quiero un vendaval más persistente.

Siempre fui el acreedor más perezoso
de las deudas que mantiene conmigo
la viril felicidad, fui tan miedoso,
que no tuve al optimismo como amigo.

Pero llega una mañana hasta mi puerta
ese viejo surtidor de la palabra colibrí
y a la gata que ha parido sólo crías muertas,
yo le digo que se vaya: no la quiero en mi jardín.

6 de octubre de 2009

DCXXIII.- Explicosas


Voy a tentar a la suerte sin pausa,
voy a ser hijo del hijo del sol:
ígneo, pausado sin furia ni raza,
caminando el sendero de su voz.

Ellos ríen y dicen ¿Qué pasa?
No es el mismo gorrión que cantó
que era suya al fin esa fragancia
y en helechos abrió la razón.

Voy a contarles todo lo que me pasa.

Yo era un náufrago que dormía,
sin alma, era pura vaguada,
un espectro de sombras todavía.
Yo era todo cada día y no era nada.

Y el llanto encendió sin hablar,
sin decirme vergonzoso me habló,
y me dijo que era cosa de amar,
porque en eso consiste el amor.

Ahora voy a tentar a la muerte.
Ser el padre que no me abandonó.
El esclavo de la luz y de las causas.
Me ha llevado otro viento mejor.

5 de octubre de 2009

DCXXII.- a.K. o.M.



Te extraño tanto, Sinforosa Kalú,
que he llegado finalmente a comprender
cómo lleva hoy mi vida aquél, tu nombre de mujer,
pues nada me funciona si no estás conmigo tú.

Inmiscuida como un ángel delicado y diferente,
allí hacia mi destino, allí en que soy persona:
metida, entrometida como flor de piel paloma,
sumida en cada pausa, torcida tiernamente.

Instante en que consigo sorprenderme para ti,
invento en solitario un mar de pronto por el aire,
viviendo alegremente como dios todos los días.

Moviendo en ese dulce manto alondra numeroso
la fina juglaría corrosiva que es tu vientre
y el más considerado de los dones que juré.


DCXXI.- El Porfiado



¿Seré otro mapuche, que soy tan porfiado?
Me dicen cuidado y me niego a perder.
Si ponen dos trancas detrás de la puerta,
se quedan abiertas con sólo cantar.

Porque hubo una noche en que supe clarito
que un fuego bendito me haría vivir.
El fuego solemne que vino a mí rumbo
del norte del mundo y se enciende feliz.

Yo voy a luchar, cual macho cabrío,
con voz, apetito y tesón contumaz.
Pues nada ni nadie hará de nosotros
un sino cobarde o nos separará.

Que sepan los grandes testigos del tiempo
y que logre tu madre saber y aceptar:
tú y yo somos eso que tienen los astros:
su luz deja un rastro en la Historia Inmortal.


DCXX.- ¡Pero ya!



He visto de pronto perderse
mi mundo y morir todo aquello
que tuve hace poco la suerte
de ver, en un breve destello.

A veces le digo a la gente
quien eres, les hablo de ti:
lo que era perder, yo sin verte,
mi tiempo y lo tonto que fui.

La vida es amado arrecife:
me dio en un instante valor
y fui, sin dudar, lo que quise.
Te quiero y no hay nada mejor.

Yo quiero ser alma dorada,
serena, yo quiero ser tú,
mi dulce, la amenamorada.
¡Mas sernos de prisa, Kalú!


DCXIX.- La curiosa aparición de la Verdad



Le tuve miedo a la palabra instante,
a la que cumple la función de filigrana,
esa de gruesa unión en cada palabra,
que es verborrea y yo sentí temor.

Y estando juntos encendí la lámpara
que nos llevó hasta aquella playa dorada,
que nos sumerge cual desconocidos:
fui un elemento de la estricta Kalú.

Tu suave amor, la compañía perfecta,
la cualidad de ser amiga y farola
(lo que sin duda fue sin darnos cuenta):
Hasta la muerte yo seré uno de los dos.

Haremos juntos una nueva mirada,
por celebrar cada cumpleaños que nos quede
y la princesa nacerá: ¡Será tan nuestra!
Seremos hijos en la casa de la luz.


DCXVIII.- ¡Chido!



Quiero ser el afamado tilichero varón
donde guardes para siempre el chingo
de ese cándido tesoro, allí en mitad del Salón.
Quiero ser tu teporocho los domingos.

Vagabundos por el ancho culebrón del mundo
y en eterno cotorreo como cuates, vivir:
quiero ser tu chafirete más ruco,
pa llevarte hasta la casa y desnudarte feliz.


DCXVII.- Vengan esos cinco



Cantaré y pereceré
desesperado en las prisiones,
donde cada cierto tiempo
me trasladen sin razón.

Abriré los corazones
en el aire de la gente
que no sabe ni conoce
lo que siento de verdad.

Seré terco, madrileño,
Farabundo, zapatista,
comediante, chiapaneco,
pestilente y mallorquín.

Seré todo, muchas cosas,
cambiaré profundamente.
Veré días en cien años
y milenios de botón.

Perderé y sucumbiré,
me arrastrarán por el camino,
pero nunca, amiga, nunca
seré extraño para ti.





30 de septiembre de 2009

DCXVI.- La encomienda


Un día conocí a Su Majestad el Color Naranja,
abrí remedos pálidos del aire y vi que Dios
tenía reservadas para mí sus abundancias:
¡Qué rápido se ha vuelto en alegría mi dolor!

Resulta que el cartero desconoce la importancia
de ciertas fabulosas remisiones porque son
en él solo envoltorios y destinos que la agencia
confía a su equipaje sin estima ni valor.

Pero hoy yo recibí la primorosa luz de estampas,
sentí que un halo cándido de miel me subyugó.
Envió mi delicada Sinforosa lo que canta
magnifico allí dentro de su noble corazón.

24 de septiembre de 2009

DCXV.- Migo


Sólo digo que conmigo
vamos juntos de la mano:
toda tímida invisible,
pero yo te puedo ver.

Porque llevas tu bufanda
de camélido naranja,
dos zapatos casi negros
y cambiamos de pie.

Cuando compro dos helados
en 21 de Mayo,
o nos ponen dos cubiertos,
cuando voy a comer.

Y si apago dos cigarros
cuando tengo mucho frío,
tú te duermes a mi lado
con el mismo placer.

Siempre vamos casi juntos,
porque somos dos amigos.
Dicen que ando siempre solo,
pero yo te puedo ver.

22 de septiembre de 2009

DCXIV.- La Tercera Cuerda


Seguramente nos iremos
cada uno acercando,
entregados a la aurora
maravilla inexorable.

Reteniendo la emoción
en nuestros labios,
y esperando que sea el alma
la que hable.

Necesito urgentemente
coincidir contigo,
dedicarme por entero
a tu existencia feliz.

Imitando con mi vida
la del Máximo Amigo,
Poderoso y Amoroso,
para ser tu Cuculí.

Tú conmigo y yo dichoso,
con la Cuerda Mayor.
Yo contigo y tú en el gozo
de la Fuerza de Dios.

14 de septiembre de 2009

DCXIII.- La alegría linda del último vals


¿Cuándo colgaremos
el indio atrapasueños?
¿Y cómo irán mejor
las verdes caracolas?

¿Seguro habrás traído
tu traje de muñeca?
¿O lo he dejado allí
en esa caja vieja?

¿De qué color el cielo?
¿Y cuantas copas rojas?
¿Y todas las macetas
en dónde las pondremos?

La cama irá perfecta
cubierta de algodones,
y al patio los columpios
y al aire nuestras flores..

13 de septiembre de 2009

DCXII.- Desperté


Era yo.

Siempre supe que había sido yo, apenas me llamaron.

Cerca de la playa, en el subterráneo de un hotel junto al mar, habíase reunido un inmenso tropel de gente demasiado curiosa.

Me necesitaban para el rescate de unos pescadores que habían sido arrojados durante la noche entre los roqueríos. Como investigador de turno, debía ir hasta allá para cubrir el operativo. Llamé al comisario de la Brigada de Homicidios. No me respondió.

Hacía varios años, había dado muerte a un hombre y a una mujer en ese mismo lugar. Como un psicópata, los había descuartizado y cubierto con papel celofán, y hecho marcas y dejado huellas en la piel de cada uno. Los había dejado enterrados allí y nadie nunca lo supo. La mujer había sido mi cómplice en una clase de estafa, una rara estafa.

Habíamos -entre los dos- engañado al registro civil y dádola por muerta para cobrar no sé qué seguro o pensión o herencia.

El otro tipo era simplemente un transeúnte, un pobre imbécil que quiso defender a la mujer. El caso es que los maté a los dos y los dejé enterrados en sórdidas condiciones.

Yo sabía que si la policía o los bomberos se ponían a buscar allí, hallarían seguramente los cadáveres. Estaba nervioso. Con una paranoia horrible, porque siempre supe que había sido yo, apenas me llamaron.

Y era yo -ahora- quien debía dirigir las investigaciones. Había prensa, mucha gente, amigos, colegas, todo un espectáculo junto a la playa, bajo ese hermoso hotel.

Finalmente encontraron a los dos cadáveres y, en la espalda de cada uno, pliegues de celofán con huellas dactilares.

“Don Pedro -dijo el capitán de la policía-, tenemos setenta y seis por ciento de posibilidades de descifrar estas huellas”.

Yo sudaba mirando la pantalla, donde aparecían millones de rostros por segundo, que gritaban en silencio su nombre de sorda pesadilla, durante la búsqueda del perfil que coincidiera con la huellas.

Estaba desesperado, porque debía aparecer mi cara en cualquier momento, así que tomé mi abrigo, encendí el último Nanotek que me quedaba y me fui, en silencio, a caminar por la playa. 

"¡Don Pedro! ¡Don Pedro! ¡Aquí aparece un rostro!"

Pero desperté.

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