23 de octubre de 2014

DCCLIII.- Viajeno



El niño que sabía de memoria todas las capitales del mundo ha desaparecido. 

El ajedrecista Mettifogo lo vio en una playa buscabando caracolas azules. Recogía cientos en cacharritos oxidados que ahora guarda como tesoros del mar. 

En su declaración se lee: "Quería ir a Nairobi y participar en el Congreso Internacional de Memorizadores de Capitales del Mundo, cuyo premio mayor era un viaje a Valparaíso, capital mundial de las caracolas". 

Fuentes extraoficiales indican, sin embargo, que no desapareció, que viene navegando y que su arribo se espera para las cinco en punto de la tarde, en el Muelle Barón.

DCCLII.- Gato de Campo

El celular es mío. 

Yo lo había dejado en la calle, justo detrás de la carreta con repollos. 

Esa señora miente. ¡Nunca lo tuvo en sus manos! 

Llamen al teléfono registrado en él como “Mamá”, y va a contestar mi madre. Vive en Montedónico. Se llama Luisa. Ella misma me dio el celular. Lo sacó en Ripley. 

¿Qué, no contesta? Debe estar en el Cardonal vendiendo los repollos. Ella me cuida los celulares. 

¿Qué, contestó otra señora? Alguien debe haber cambiado los números. 

Siempre me están cargando por celulares que no he robado y por mi madre que no murió.

18 de octubre de 2014

DCCLI.- Tele Olvidó



Molinos de viento y luchadores de sumo
distraen la atención con voladores de luces.
El ladrón detrás del juez y las cortinas de humo
siguen los coletazos del diablo vendiendo cruces.

Una pausa. Ya volvemos con los dimes y diretes: 
estamos casi ad portas de dar por fin el vamos 
al tan emblemático Gran Show Domingo Siete,
que se había filtrado y que ahora adelantamos.

Desmiente y no descarta que surja un nuevo caso
marcando la agenda con un antes y un después:
connotados personeros que salen al paso
de oscuros trascendidos, con escándalo y traspié.

Modelos súper bellas de tanto ver estrellas
que luchan por un cupo en la Copa Mundial:
inútil subversivo reflotando esas querellas
que dividen y confunden al alma nacional.

13 de octubre de 2014

DCCL.- ¡Sorpresa!



Una mujer quedó embarazada
de un vedetto enano cualquiera
con el que tuvo sexo -no casada-
en su despedida de soltera.

El hecho ocurrió en Valencia,
y se supo cuando los matasanos
que la atendieron de urgencia
le dijeron que el bebé era enano.

Todo ocurrió a principios de año,
en un hotel del Barrio Sueco.
Mas tuvo que confesar el engaño
cuando llegó a casa con el ekeko.


6 de octubre de 2014

DCCXLIX.- Ex



En realidad,
Paul Mac Cartney
nunca murió
en un accidente
ni fue reemplazado
en secreto
por un doble
llamado Campbell.

En rigor, murieron
los otros tres.
George, primero,
tocando la sitar.
Ringo, después,
borracho empedernido.
Y, finalmente John
con su Heroína.

Todos murieron,
excepto Paul,
sin que nadie lo supiera,
desaparecieron
irremediablemente,
como las flores
y los años sesenta,
dejaron de existir.

Sólo Sir James Paul
sobrevivió.
De hecho, sigue
siendo el mismo.
Aun cree que es
un Fabuloso Beatle.
Aun sigue creyendo
en el ayer.

6 de agosto de 2014

DCCXLVIII.- Mescondí


Al final uno se queda solo:
detrimento paulatino de la lluvia color,
y recoge caracolas carcajadas
para estar junto a la cama de los viejos al morir.

Nunca voy a abandonarte, canto:
caminando se hace vértigo, ventana y ventarrón.
De la mano permanezco siempre
y bailando la que dice más o menos así.

Mi niño me busca mirándome
y yo le sonrío pa darle valor.
Mi niña dibuja una pérgola
y va Luis Emilio llevando una luz.

Que tiene pistilos de música
y estambres de cachorros,
caramelos que escondí
en mi terrome, terrome, tesic, tesac.


¡Terrome, terrome tepún!

21 de julio de 2014

DCCXLVII.- La Canción de los amigos de lo ajeno cidio


Yo, viajando de turista por el parque Conguillío, 
por la tierra sólo nuestra, por mi Chile que es tan mío.
Y llegaron en cuadrilla con antorchas y peñascos,
unos veinte disfrazados de Lautaro y Galvarín.

Se metieron en el fundo de un tío de mi tío
por los cuatro costados, por el borde del río,
y encendieron una hoguera, lo quemaron sin asco
y, entre medio de la gente, un policía de civil.

Ahora le juro que no soy mapuche.
Yo le prometo que he venido a pasear.
Y ocurre que ahora sin desearlo resulta
que soy un indio de la Comunidad.

Yo iba pasando distraído por el curso de la vida.
Era visita de un amigo que vivía en Tel Aviv.
Y estaba al medio de una guerra que no es mía.
Murió una niña, cayó un misil.

Pero le juro que no tuve la culpa.
Yo le prometo que no quiero pelear.
Y ocurre que ahora sin desearlo resulta
que ellos me llevan porque soy de Hamás.

30 de abril de 2014

DCCXLVI.- Sosiego Céntrico


Me pican las orejas desde que despierto.

No sirve de nada rascarse, porque no se quita, sino que vuelve una y otra vez, más intensa la picazón. El basurero del baño está lleno de cotonitos usados para rascarme. Mientras el algodón está dentro del oído, se siente una pausa refrescante, como un orgasmo auditivo, que me hace cerrar un poco los ojos y mirar todo desde una pequeña rendija de parpados extasiados, un breve instante. Pero ahora todo eso terminó para siempre, porque vuelve a picarme cruel la oreja desesperadamente y sin pausa, hasta que ya no queda más remedio.

Desde hace días, ya nada tiene sentido. Miro la calle desde la azotea y logro divisar gente caminando hacia sus casas. Nadie se rasca. Nadie lleva bolsas. Nadie va la farmacia. Todos parecen tranquilos.

Cae la noche y aun me pica. Desde las dos de la tarde hasta el anochecer es la izquierda la que pica más. En la oscuridad, el picor de la derecha se vuelve insoportable, hasta que logro conciliar el sueño, exhausto, adolorido y nervioso, cerca de las cuatro de la mañana. Al despertar, antes incluso de poder evocar la desesperación de la noche anterior, desde que comprendo que ya no estoy durmiendo, comienza de nuevo la comezón inaudita, como si treinta hormigas infatigables hubiesen instalado un tabernáculo ruidoso al interior de mi cabeza e iniciaran sin misericordia la penosa faena que consiste en descomponer mi felicidad merced a aquel hurgueteo incesante que me oprime la voluntad, y vuelvo nuevamente a transitar por la existencia cada día, cada noche, y otra vez me pican las orejas sin poder eliminar la pesadilla desoladora que perdura tenaz detrás de mis ojos. Por eso he decidido ponerle término a esto, acabar con todo y echarme a la muerte y al silencio. Ya no más cotonitos, ya no más hormigas abnegadas, ya no mas zumbidos de insomnio. Todo habrá terminado.

A veces sueño que voy descalzo por la orilla de una playa lejana, y no me pica nada. Es como un paraíso donde no existe el dolor, ni ese tacto barroso que me llena la conciencia de no saber qué hacer ni hacia dónde huir, porque mis orejas, mis oídos y el ruido completo del mundo me acompañan eternamente, siempre, todo el día y la noche, sin desaparecer. Y con los sonidos viene el traqueteo interminable de las hormigas en mi interior picando, rasgando, doliendo sin compasión.

Hasta hace una semana, iba todos los días a la farmacia y llegaba a la casa con cinco bolsas llenas de cajas, cada una con 100 cotonitos que guardaba en un viejo tarro de galletas, desde donde iba sacando dos a la vez cada tres minutos, mojaba sus algodones con agua fría y los introducía en la oreja correspondiente, la izquierda al atardecer, la derecha en la madrugada y ambas al despertar.

Pero no. Ya no puedo más. Acabo de arrojar al vacío el tarro y los cotonitos que compre ayer en la farmacia de la esquina. No soporto esta pesadilla.

Le escribí a mi madre recién. Espero que alcance a leer el mensaje antes que comience esa gente a preguntar por mi cadáver tendido en plena calle, aquí en el centro de la ciudad. De todos modos, ya no me importa nada. Los cotonitos no sirven. Ya no hay orgasmos de algodón. Ya no puedo oír nada ni siento la música. Solo el retumbar perseverante del más horroroso prurito que haya sentido nadie jamás. Lo sé porque investigué sobre este caso en la biblioteca municipal. Se cuenta la historia de un profesor que vivía en Budapest y, desesperado, dolido y cansado, en un rapto de enervación semejante a la neurosis, se había arrojado a la vía férrea de su ciudad natal, sita en las orillas del Rezovo, a comienzos del siglo pasado, luego de haber estado tres años buscando una cura para esta extraña dolencia, que el doctor Friedrich Vulgo llamó: “Mal de Berbatov”.

Yo llevo una década.

Pero se acabó. Ya no más. Adiós, cotonitos de la basura. Adiós al algodón de mis orgasmos. Adiós al tarro de galletas. Adiós a las hormigas de la locura. Adiós.

11 de abril de 2014

DCCXLV.- La Piara



Este es el abogado estrella,
sumido solo en ese llanto aterrador:
aquella viuda retiró su querella
contra el hijo del magnate Senador.

¡Maldito chancho hablador!
¿Acaso defendía el vejete,
no a cambio del vil billete
a su muerto, por puro amor?

Si pudiese cortar su cuello
que gruñe, mastica y se queja
de miserable repulsivo leguleyo.
¡Si no yo, lo hará la pobre vieja!

Se queja porque ya se va
su preciado y amado caso,
porque perdió la oportunidad
de sacarle a nuestro mundo otro pedazo.

Porque ningún abogado desea
un acuerdo sin que éste pase
por sus sebosas manos de seda
y su afán desmedido de clase.

Aunque la víctima sonría al final,
hoza la mierda el cochino cruel
y por gruñir metido en su corral,
es otro puerco el que se ríe de él.

Y va feliz el fiscal a su juicio.
Ya no tiene que ver marranos
frente al juez o besando su mano,
ni querellantes ni desperdicios.

27 de marzo de 2014

DCCLIV.- Arratia


Por esas casualidades de la vida, tuve que ir a la biblioteca de Medicina, en Uruguay arriba, para hallar el libro mágico donde estaba anotada la receta con que sanaría del Mal por Abandono Incurable que padecía desde que había llegado al Curso Fiscal de Leyes. 

Y allí estaba, como dormida esperando ser descubierta y rodeada de libros de enfermería, boca abajo. 

En su honor, sobre la pared, había puesto una flor hermosa, hoy marchita. 

Aunque nunca hallé la receta, el mal desapareció de inmediato, porque viví con ella hasta que dejó de surtir efecto y se perdió la magia.

24 de marzo de 2014

DCCXLIV.- La Marcha de Todas las Marchas


Selva de cemento.
Lluvia ácida.
Mar humano.
Huella de carbón.

Laguna telúrica.
Enjambre sísmico.
Tren de olas.
Fuego abrazador.

Cortejo fúnebre.
Piedra sobre piedra.
Granito de arena.
Silencio sepulcral.

17 de febrero de 2014

DCCXLIII.- Tangorila


Un gobierno militar 
que se autoproclama
genuinamente puro, 
democrático y mandatado
atenta y llanamente 
por el Pueblo que lo llama
y celebra su llegada, 
con un Golpe de Estado.

Un régimen que ordena 
capturar opositores
acusándolos de terrorismo, 
sedición y golpismo,
organiza un aparato 
paramilitar de delatores
y reprime por la fuerza 
cualquier inconformismo.

Un áparato que rinde 
sólo cuentas al Jefe,
al Líder reelegido 
por la inmensa mayoría
y recibe culto mágico 
tan místico homenaje,
cual herencia del Padre 
de la Patria vacía.

Un órgano que censura 
y culpa a la oposición
de todos los males 
que aquejan a las gentes,
y basa su desarrollo 
en la hiperxplotación
de recursos naturales 
bajo tierra y decrecientes.

El Premier te pide que reces, 
que un complot intencional
orquestado por magnates 
del Imperio Perverso
(a los que abastece 
de ese mismo recurso natural),
quiere sacarlo y de paso 
detener su gran esfuerzo.

Es un mando que ordena 
mantenernos en Acción.
Es un órgano secreto 
que defiende nuestra Tierra,
un Sistema que ha salvado 
lo mejor de mi Nación
y que no se detendrá 
porque “esto es una guerra”.

7 de febrero de 2014

DCCXLII.- Volantímido




Navega mi capitán 
en su laberinto,
siempre callado 

como un establo.

Mi niño delicado 
y tan distinto
que sueña en acuarelas 

cuando le hablo
de toda la primavera, 

cuando lo pinto.

Mi luna verdadera, 
como un silente venablo,
cual muda saeta que fuera

pedaleando en su recinto.

Mi Pedro Pablo.

18 de enero de 2014

DCCXLI.- Mudolor



Una lágrima de cera, caracol amarillento
se ha adueñado de mi vida y catarata en flor.
No puedo ni siquiera decir lo que siento:
me lo tiene prohibido el cancerbero pundonor.

Pecador enamorado con un plato en la cabeza,
que se lleva las cerezas y las uvas hacia el mar,
con los ojos cerrados por no ver a la jueza
que le mira y le confiesa que el amor es un Pilar.

He cambiado mi astrolabio por una sandía,
que le ha dado a mi prudencia merecido sobre azul,
porque nunca fue de sabios encender una lantía

y esconderla con la urgencia de un poema en un baúl.

29 de noviembre de 2013

DCCXL.- Circolach


Fono Drogas duras
poco tiempo es oro.
Carrera funcionaria
que me amón tonó.

Pedro Armando casa
chica chábila pop.
Nueva mayoría de edad
de la inocencia perdida.

Siglo veintiuno de mayo
del 68.
Caso bomba cuatro
diente por diente.

Granito de arena blanca,
mar azul.
Vende patria o muerte
natural sin hielo.

28 de octubre de 2013

DCCXXXIX.- Juntos



El juicio era a las dos, pero deben haber hablado con la Aceituna. Seguramente ella les dijo que salieran temprano; que fueran a la Notaría y que firmaran esa declaración jurada diciendo que todo fue un lamentable error, que fue ella la que se pegó con la puerta del clóset, que él jamás le daría un puñetazo en el ojo izquierdo, ni la amenazaría  con quemarle la casa; y que, si bien estaba en la cocina cuando llegaron los Carabineros, fue simplemente porque ella lo había estado llamando todo el día, porque tenía el calefón malo y necesitaba bañar a la guagua.

Entonces, no habría desacato, porque fue ella la que lo había incitado a desobedecer la resolución, y eso era error de prohibición. El caso es que llegaron juntos y estaban juntitos los dos, sentados al final de la sala.

Dicen que la Aceituna es la defensora más tramposa de la región, y siempre trama la misma asquerosa maquinación. La Jueza tenía cero ganas de hacer el juicio, así que había estado mandando palos desde tempranito. Cuando los vio llegar juntos, sonrió como sonríen las juezas.

-¿Y se hace el juicio, señor fiscal?

Yo venía preparado. Traía al cabo que lo detuvo, al sargento que tomó las declaraciones, al subcomisario de la orden y a una vecina, la que llamó por teléfono. Había hablado con la víctima el viernes. Nada hacía pensar que se retractaría. Claro: le preocupaba que quedara preso, porque así no le servía de mucho. Debía ya tres meses en el colegio y en la casa no había ni pañales, ni toallitas húmedas, ni cotonitos, ni hipoglós.

-¿Había visto usted alguna vez –le dije- que el dueño de casa ande preocupado porque el ladrón que le robó la tele vaya a quedar preso?

En el brillo de sus ojos y en la mano nerviosa con que firmó su declaración se notaba que la vida, la salud y la felicidad de sus hijos era lo único que le importaba. No tenía a dónde irse y la casa la había arrendado él.

-¡Si no fuera por esa maldita condena de junio del 2008!

El caso es que ya antes del control de detención tenía prohibido él acercarse a ella, pero nunca dejaron de vivir juntos, ni de dormir juntos, ni de ducharse juntos, ni de emborracharse juntos, ni de trabarse juntos en amargas discusiones y peleas, de golpearse cada semana y de amarse cada día. Salían juntos temprano en la mañana, camino al Cesfam y llegaron juntos al tribunal de la mano, avergonzados, temerosos y callados; así que adelantaron el juicio para las once y media.  

-¿Hay posibilidad de salida alternativa, Señor Fiscal?

No había caso. La idea era siempre evitar el juicio; o al menos evitar la pena efectiva. La Aceituna me miraba con cara de no perseverar. Yo la miré con cara de perpetuo calificado. La jueza mi miró con cara de tengo que ir al Casino.

-¿Sabe Magistrado? Creo que existe una opción. Como la condena es de junio del 2008, ya estaría prescrita. Entonces, tiene derecho a remisión condicional. Si reconoce, serían 541, pero firmando.

El caso es que al mediodía ya iban camino a la plaza: él podía acercarse a ella, podía vivir con ella y dormir con ella en la misma cama, para emborracharse cada tarde y discutir, para terminar golpeándose otra vez, para que la vecina llamara otra vez al 135, para salir juntos de la mano, temprano en la mañana, camino al Cesfam, cantando juntos, tercos enamorados y felices para siempre.

2 de octubre de 2013

DCCXXXVIII.- Cocomero Cándida



Palomariposa pecosa floral,
intensamente fábula,
lámparamágimente feliz,
adivinándome pérgola:
ría manía sé un día de mí.

Santagonista de mi voluntad,
acariciándome reta:
dicen que nadie la ha visto parar,
infatigable cometa,
amandolina del mar.

1 de octubre de 2013

DCCXXXVII.- otsuacoloH


Uno se imagina a don Reinaldo Mena en la Araucaníapor allá por el año 26, jugando a invertir el anagrama del niño recién nacido. Uno se imagina a don Reinaldo Mena haciéndolo dormir bajo la totora del patio, a punto de soñar y rodeado de tábanos felices. Uno se imagina a don Reinaldo Mena llevando en los hombros al niño para encumbrar volantines en Villarrica, bajo el sol de septiembre.

Es divertido imaginárselo y provoca hasta cierta simpatía imaginar a Odlanier Mena estudiando en la preparatoria para ser un gran chileno. 
Ascanio Cavallo lo dejó casi como un Rey de la Nobleza en su penosa esquela mortuoria del fin de semana pasado. Pero no.

Hay que imaginarse a Odlanier Mena apilando cadávares aun vestidos en el desierto y en la precordillera. Hay que imaginarse a Odlanier Mena dando órdenes para que encendiesen la hoguera. 
Hay que imaginarse a Odlanier Mena arrojándolos para que desapareciesen por segunda vez y para siempre. Hay que imaginarse a Odlanier Mena atando rieles con un alambre a los restos de cientos de chilenos, ocultos en sacos paperos. Hay que imaginarse a Odlanier Mena arrojándolos al mar desde un helicóptero. 

Hay que imaginarse a Odlanier Mena huyendo de la Justicia para entrar en el Infierno.

2 de septiembre de 2013

DCCXXXVI.- Incordinancia


Las hipotecas serían hipotéticas
si fuera lento lo fraudulento,
y si el conjunto del inmundo mundo
no fuera tan amarillento.

Si no inventaran los inventarios.
Si se indignaran los indignados.
Si no estuvieran tan conectados:
si funcionaran los funcionarios.

Lo terminante, si terminara.
Si comandaran los comandantes,
Si las funciones funcionaran
practicaran los practicantes..

Si principiaran los principiantes
y usaran el culo calculando.
Si toleraran los tolerantes
con disimulo dí, simulando..

Yo ya estaría donde no estaba,
ni por cantar en el desconcierto
no pediría por pedir nada
y no me habrían descubierto.

26 de agosto de 2013

DCCXXXV.- Neoliberalma


Este es el país de los seres sin alma 
haciendo una hilera que no va a terminar, 
van uno tras otro esperando en la calma 
siniestra y desnuda del banco mundial. 

Los niños son tiranos de los curas desnudos,
y padecen de extrañas locuras y demencias: 
no cantan el Himno ni tienen Escudo 
y nunca celebran el Día de la Independencia. 

No visten de blanco, pero miran hacia arriba 
y cuelgan de su cuello una cruz sin valor: 
no abrigan esperanzas, sino sólo expectativas. 
No cuidan de los viejos ni hacen el amor. 

Son puro pellejo camino a un funeral,
tan lindo, sin embargo, pues no todo está perdido:
aun quedan hombres y mujeres decididos 
que son buena parte del Alma Nacional.

11 de agosto de 2013

DCCXXXIV.- Inigual



Todo es infinito.

Viajo hasta el inicio
profundo de las cosas:
vértigo de sordo
y perplejo inesperar.

Nada se termina.

Quieta eternidad.
Pulpo de las ánimas
que vuelven a nadar
y se mantienen.

Detrás del espeso
escondido pequeño
diminuto bastión
de lo invisible,
caminan ángeles
ducados primorosos,
al interior de la pulpa
polen que me habita:
inmóvil que flotando,
invisible y veloz,
lejano dentro mío
que nunca morirá.

Todo consiste en soles:
sumergidos en la lenta muerte
en que consiste cada día la vida,
miramos al cielo de la noche
donde habita un gigante que ríe
y nos mira desnudos temblar,
a través de un microscopio.

11 de junio de 2013

DCCXXXIII.- Campanaranjaula


Yo tengo ahora mismo
embarazado el corazón:
cual íntimo perrito
que se funde al lado mío,
y es fiero gran amigo
que al volcar su desvarío
se vuelve un toro loco
parecido un poco a mí.

Encumbra en precipicios
mis dos águilas cometas,
que al mágico iluminan
porque son su voluntad:
se viste de colmenas
cuando canta como un niño,
que me toma de las manos
y me saca a pasear.

DCCXXXII.- Siniestropelía


Hay bomberos en la oscuridad que no están haciendo nada. Esperan que el fuego crezca y comience a tragar el viejo edificio de la calle Dieciocho con la Alameda, ante la sorda mirada de la policía que detiene innecesariamente el tránsito de la “principal arteria capitalina”, sin razón, porque aun no hay mangueras en el pavimento, ni voluntarios combatiendo.

Sólo dos carros rojos con las luces amarillas intermitentes, una escalera telescópica que eleva a un solitario brigadista que se divierte observando cómo el fuego comienza a besar tímidamente la cúpula del palacio construido hace más de 100 años, y todos los grifos dormidos.

El fuego es perfectamente controlable. Aun no hay un siniestro declarado. Puede evitarse la destrucción de esa maravilla arquitectónica que es monumento nacional y que comienza a arder desde la azotea, en una de sus alas, levemente.

Puede evitarse aún el colapso del tránsito y las pesadillas en el metro y el trabajo de otras compañías. Puede evitarse la pérdida de valiosa prueba para esclarecer el inicio del fuego. Pero no. Nadie hace nada.

Comienza a formarse un taco, y yo me voy a comprar el pasaje en el terminal Ahumada. Son las 06:45. Apenas hay fuego visible. El bus parte a las 07:30 y me siento en el andén para comprobar intrigado que el edificio ya está ardiendo y que, de pronto, llega un primer carro, con la sirena gritando, y ocupa la bocacalle norte de la Alameda, hacia donde descienden cuatro voluntarios que destapan el primer grifo de la mañana, una hora después.

El show debe continuar.

10 de mayo de 2013

DCCXXXI.- Siempreñada



Tu barriga de sandía piel.
Ese racimo de virutas marrón.
El arrebol de tus pezones cereza
de rubor anaranjado y melón.

Las orejas de placer albaricoque.
Tu saliva azucarada y limón.
El perfume que parece arándanos.
La palabra melocotón.

Tus manitos que se llenan de brevas
porque tienen el color del sol.
Las ciruelas que se esconden en tu boca.
La frambuesa de tu corazón.

Tu granada mente púrpura y despierto
sumido en las grosellas y los higos de tu voz.
La manzana con que baila el resto
de las doscientas avellanas que nos dio.

El ángel de la luna mariposa mandarina
se hizo dulce de membrillo pa los dos.
Las naranjas que te llenan los ojos
y los besos que hallan siempre buen sabor.

Hace un año y hasta el día del níspero:
que tu pera se enamore de mí.
que debajo de nosotros hayan uvas.
y pomelos, porque me hacen tan feliz.

Que haga frío porque siempre te acurrucas.
Que te duches cuando tienes calor.
La sonata de las frutas deliciosas.
que se caiga de madura en tu honor.

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