que hay detrás de siempre irse,
o ese raro afán insano
y peregrino de marcharse?
Como si fuese obligatorio
e impostergable largarse
cual cigüeña clueca y loca
hacia cualquier lugar.
Hacia un sitio que no sea
aquél en el que uno ya está,
la cosa es sólo irse cuánto antes,
aunque nadie sepa a dónde va.
Teniendo ante nosotros el Edén,
el océano perfecto de la vida,
que es el mínimo común vegetal:
la conciencia verdadera y la luz.
Salir de aquí corriendo tonto,
como si el cosmos fuese eterno,
como si lejos en la noche ignota
hubiese praderas para siempre.
Yo quiero cuidar y guardar y atesorar,
proteger, perseverar y congregar,
cautelar y refugiar y deslumbrarme
ante el vértigo belleza en que nací.
No me lleves, porque yo no quiero irme.
No me busques un lugar para vivir.
Porque tengo mi refugio aquí en la tierra.
Solo es cosa de querer la eternidad.

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