4 de mayo de 2026
MCCCXLII. El Zurdo
No soy cobarde, ni aunque tú me lo fustigues.
Perdí la fe, las esperanzas. Soy llorón.
¡Pero qué mal envejeció Silvio Rodríguez!
¡Y qué mal envejeció Playa Girón!
El Che, Fidel y ese discurso en la Moneda,
el Pueblo Unido, la Cantata y el partido
se han diluido en el dolor de la humareda,
¡Ya nadie quiere defender el Estallido!
Hoy sólo importa que el patrón no te defraude,
tener un nicho en que posar la calavera
y ser de izquierda es un pecado imperdonable.
No queda nadie que recoja esas banderas.
¡Hasta la voz se me quebró en esa canción!
Pero aprendí que las verdades no se van.
Nadie controla cuando viene la Revolución.
Todos se juntan en la noche de San Juan.
Soy el hijo de un profe que soñó su país.
No le puedo fallar como falso testigo.
Es un eco que insiste, pero ya no es raíz,
como un viejo panfleto que repito y no sigo.
Una culpa heredada, un cansancio feroz
me habían hecho sumiso, remiso y servil,
y la historia que a veces se vuelve una voz
es mi historia, mi gente, mi registro civil.
Pero mírame ahora: no agacho la mirada.
Yo te pido perdón. No fue más que un desliz.
Es la gente cansada, burlada y pisoteada
que se vuelca a las calles, erguida y feliz.
El fascismo sirve mucho para que uno se levante
y ahora tocas mi puerta y me buscas a mí.
El dieciocho de octubre es un ruido distante.
¡El dieciocho de octubre es el día en que nací!
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