Me gustaría sentir mucho sueño,
cavilar adherido al abismo fragante
de no presenciarlo ya todo
tan terca, consciente, rotunda
y dramáticamente, no más.
Fascinarme en un agua cansada,
conjurar el dolor de asistir,
de moverme y deglutir,
sin poder apartar la mirada,
ni cobrarle sentido al silencio.
Es que vuelan torbellinos calando
en el refugio amargo de mi desdicha:
todo se vuelve una eterna vigilia,
donde miro hay gorriones despiertos
y mi sopor albino no termina nunca.
El alma es víctima del ahora permanente,
el viento no se quiere detener
y un sonido pretende ser la luz de todo.
Me gustaría tanto soñar un poco
o dormir apagado, por un instante.